
Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.
Destino en blanco y negro: las bombas caen a granel sobre la capital vietnamita y sus habitantes corren a los refugios acaso sin saber que es martes 13, una fecha de mal augurio en muchas partes del mundo…
A miles de kilómetros, en una islita del Caribe, el documentalista Santiago Álvarez está editando decenas de metros de película en blanco y negro y ordenando ideas -también a granel- para armar un documental que desde el primer momento supo que titularía “Hanoi, martes 13”.
El propio cineasta confesó en cierto momento que no fue un proceso de creación placentero porque el dramatismo de las escenas, exaltado por la música estremecedora de Leo Brouwer, fluía del celuloide a las venas y abatía el alma con el inenarrable sufrimiento de aquel pueblo.
Entre las muchas piezas fílmicas que antes y después de ese aciago 1968 trataron el tema de la guerra en Vietnam, “Hanoi, martes 13” fue una de las más galardonadas en festivales internacionales.
Pero esta es una de esas obras que llevan los premios en su propio dolor, y lo que ha perdurado con los años es la imagen de esa gente corriendo a esconderse bajo tierra, mientras el ulular de las alarmas aéreas rasga los aires de la calle Kham Thien, la más bombardeada por la aviación estadounidense…
O la de ese pequeño lago, el Huu Tiep, cuyas carpas salen a escape hacia sus cuevas, espantadas por los rugidos de los B-52 y deseosas de que las antiaéreas derriben siquiera uno aunque les oxide el agua por los años de los años…
La madre que llora al hijo y el hombre al hermano; los ojos despavoridos de ese niño mirando a lo alto; aquella pagoda destruida por las bombas; los cuerpos magros de estos rescatistas que cargan a un herido… Todos ligeros, combustibles y efímeros como varitas de incienso.
Martes 13 en un Hanoi que a la vuelta de los años cauterizó sus heridas, pero cuyos traumas aún no están enterrados del todo con los muertos que se fueron porque siguen grabados a fuego en la memoria de los sobrevivientes…
A medio siglo, el documental de Santiago Álvarez sigue oprimiendo el pecho y aguando los ojos, pero la ciudad ya no es ni será jamás la misma.
Cierto que en Hanoi, como en todo Vietnam, no hay días fáciles, y que salir adelante cuesta sudor y a veces hasta lágrimas… Pero nunca sangre.
Ya sin fechas fatales ni destinos en blanco y negro, la ciudad despierta a este colorido martes 13 con un optimismo bien fundado, arropada en una primavera en ciernes que promete un bombardeo de ilusiones a granel.

Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.

Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.

Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.

Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.

Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.

Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.

Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.

Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.

Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.

Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.

Hanoi no cree en martes 13. Foto: Marta Elena Llanes Seco/ PL.