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One Piece: Más de 20 años de una travesía impagable

¿Qué se puede decir a estas alturas? ¿Que es uno de los mejores manga/anime de la historia? Es que eso ya lo han dicho todos, así que yo puedo añadir poco a la admiración general.

Si acaso podría decirles a aquellos que no ven One Piece todavía, que lo vean y que aguanten los primeros 50-60 capítulos, porque a partir de ahí ya no serán capaces de dejarlo. Como en la montaña rusa, esa es la cuesta que deben subir para que empiece el vértigo.

El resto es, simplemente, imperdible. Porque algo tiene esta serie, cuando finaliza un arco, que te hace pensar que no estás cansado y que vas a seguir viéndola otro año, y luego el siguiente, y también el siguiente después del siguiente…

Al contrario que otros mangas de larga duración (pongamos por caso, Naruto) en One Piece las repeticiones del andamiaje narrativo nunca parecen estancar la trama. No te frustran.

Piénsenlo bien quienes siguen su historia.

¿Qué diferencia hay entre el arco de Dressrosa, donde Luffy y su banda acaban desenmascarando al Shichibukai Doflamingo, con aquel –ya lejano– de Arabasta, en el que derrotaron a Crocodile?

¿Qué diferencia entre el rescate de Sanji que intentan realizar ahora, de manos de la temible Big Mom, y el rescate de Nico Robin que llevaron a cabo en Enies Lobby hace más de una década?

¿Qué diferencia entre todas esas islas –cada una más asombrosa o peculiar que la otra– visitadas por la banda antes y después de cruzar el Grand Line?

Ninguna.

En realidad, la travesía de los Mugiwara parece eternizarse entre su inagotable caudal de villanos y el gancho febril de un tesoro tan evanescente y distante como la isla de Ítaca. Pero igual tiene algo que nos impide pensar que su historia está siendo contada sobre la base del papel carbón.

One Piece


Género
               Shonen, acción, aventuras, comedia, fantasía
Autor                  Eiichiro Oda
Editorial           Shueisha
Volúmenes      87 (892 capítulos)
Fecha de           22 de julio, 1997 –
publicación

Si me permiten poner una teoría fácil, les diré por qué las aventuras de Monkey D. Luffy no nos aburren nunca. La razón, por supuesto, es su creador: Eiichiro Oda, un mangaka insomne que, más allá de dominar todos los recursos del medio, parece vivir en estado de gracia desde el preciso momento en que destapó de un barril al hombre que se convertirá en el Rey de los Piratas.

Para que se hagan una idea del fenómeno, ya no es solo que la serie mantenga una popularidad inobjetable al cabo de tanto tiempo o que se haya transformado de paso en el manga más vendido del mundo, con 430 millones de ejemplares y sumando (150 millones más que Dragon Ball); sino que encima de todo eso ha logrado traspasar todas las fronteras.

Sin ir más lejos, según la cadena televisiva NHK, el 90% de sus lectores en Japón son adultos, a pesar de que la historia sigue estando concebida para un público impúber. Y cada vez son más los fieles que se suben al barco a lo largo y ancho del mundo.

Lo siento mucho si hay alguien aquí que no sigue la serie, prejuiciado por el dibujo –a veces deforme– con el que Oda-sensei retrata su universo, porque de veras se pierde una obra colosal. Una en la que muchos hemos aprendido a disfrutar con la feliz inconsciencia de un hombre de goma, los estrafalarios poderes de cada Fruta del Diablo, las técnicas de espada que Zoro blande increíblemente con la boca y los nudillos tatuados de Trafalgar Law, entre muchas cosas más.

Veinte años en estado de gracia. Sin apenas altibajos, cada tramo de One Piece está poblado de escenas entrañables, personajes carismáticos, un humor desenfadado y, sobre todo, de batallas épicas que lo dejan a uno con la boca de una muñeca inflable.

Por eso en el cierre de este post, y a modo de homenaje, queremos despedirnos con siete momentos que –a nuestro humilde juicio– clasifican entre los mejores de la serie. Quienes todavía no hayan visto el manga o su adaptación al anime, o aquellos que empezaron a hacerlo hace poco y no están al día, mejor paren de leer ya.

Después del subtítulo de abajo vamos a nadar en un pequeño mar de spoilers.

Siete momentos memorables de One Piece

7. Luffy derrota a Crocodile (episodio 126)

Quizá sea porque este fue el primer rival de peso que enfrentó Luffy o tal vez porque a partir del arco de Arabasta la serie tomó vuelo definitivamente. Pero siempre que pienso en momentos épicos de One Piece, me viene a la mente este combate. Especialmente en el anime, donde Luffy termina sacando por los aires con un aluvión de puñetaños al Shichibukai del garfio, mientras en el fondo musical resuena la Sinfonía del Nuevo Mundo, compuesta por Dvorák.

6. Los Mugiwara le declaran la guerra al Gobierno Mundial (episodio 283)

Viendo hace poco el reecuentro de Luffy y Sanji en los predios de Big Mom, lo cierto es que no pude dejar de recordar esta escena en la cual, tras reunirse la banda en Enies Lobby para salvar a Robin, el capitán de los Mugiwara le pide a Sogeking (Usopp enmascarado) que queme la bandera del Gobierno Mundial, probando hasta dónde puede llegar con tal de ayudar a sus amigos.

5. El adiós al Going Merry (episodio 312)

Ya que hablamos del nakama power, cómo olvidar este otro momento emotivo hasta los huesos. Tanta inventiva desborda esta serie, tanta maestría su autor, que  incluso es capaz de llevar a un barco a sacrificarse por sus tripulantes, cuando Merry –el navío de mil batallas de los Sombrero de Paja–, se parte por la mitad dejando claro que no podrá seguir acompañándolos. Pero, aún así, tiene tiempo para agradecerles por permitirle compartir sus aventuras.

4. El sacrificio de Zoro (episodio 377)

Siempre que hablamos de los miembros de la banda, está claro que cada uno destaca por un rasgo particular. Sanji, por ejemplo, es el típico mujeriego. Usopp, el mentiroso compulsivo. Franky, el cyborg ¡súpeeeeeeeeer! Robin, la avezada  intelectual. Pero Zoro, ya lo sabemos, está hecho de otra pasta, como demuestra en Thriller Bark, al recibir un mortífero ataque del Shichibukai Bartholomew Kuma. Cuando Sanji lo encuentra de pie, bañado en sangre, y le pregunta qué ocurrió, él solo responde: “Absolutamente… nada”.

3. Luffy enfrenta a los tres almirantes de la Marina (episodio 474)

Al final de este episodio (en el anime de Toei) hay una escena monumental, de escaso diálogo, en la que el agua se queda suspendida en el aire, casi como en cámara lenta. Y en los ojos de los personajes, que ven a Luffy con sorpresa, con incredulidad y admiración, están también los ojos de los espectadores. En esa escena se resume lo mucho que puede hacer la animación cuando se toma en serio una historia, y también se concentra la magia de One Piece.

2. La muerte de Ace (episodio 483)

Ya sé, ya sé, que solo son unos dibujitos hechos por un japonés. Pero cómo llegar a esta escena y no sentir nada. Cómo salir indemne, al observar el puño humeante de Akainu, escuchar la súplica final del hermano y ver apagarse su llama para siempre, mientras aquella Vivre Card se consume lentamente. Lo siento mucho, amigos de pelo en pecho, pero si alguno de ustedes asistió a todo eso y no se le aguaron los ojos o se le estrujó la nuez de Adán como una pasa, entonces me temo que muy pocas cosas logren conmoverlo.

1. Últimas palabras de Shirohige (episodio 485)

Seguramente, llegados a este punto, alguien pensará que este top se ha vuelto algo luctuoso o que el podio se lo llevan tres momentos del arco de Marineford. Pero cómo no mencionar a Shirohige, el entrañable Yonkō que, incluso muerto, siguió en pie, sin una sola cicatriz de escape en su orgullosa espalda; además de dejar un discurso relevante para la serie. Sí, el One Piece existe.

Y, como el halcón maltés, es del material con que se fabrican los sueños.