
Este año se cumple el bicentenario de Carlos Marx, quien nació el 5 de mayo de 1818.
La formación de Carlos Marx como intelectual revolucionario responde a muchas condicionantes, que posteriormente serían explicadas por el genio alemán como “concepción materialista de la historia”, por ello aplicando la propia metodología marxista, me esforzaré en ilustrar el ámbito que incide en la formación temprana de nuestro personaje.
Entre 1830 y 1835 Carlos Enrique Marx se formó en el gimnasio de Trier, pequeña ciudad de la provincia renana de Prusia. Pudo obtener estos estudios, pues provenía de una familia de clase media, que además estaba vinculada a los estamentos jurídico — políticos de la sociedad, ya que su padre era abogado y ejercía como consejero jurídico.
Los profesores preferidos de Marx en el Gimnasio eran Wyttenbach, un profesor de historia y filosofía, y Shtaininger, de las asignaturas física y matemática. Los puntos de vista progresistas de ambos, respecto a la vida y la ciencia sedujeron al adolescente Carlos Enrique.
Las circunstancias históricas que se vivían en esos años en la Europa Occidental, hicieron que Marx cuestionara y preguntara a sus profesores sobre sucesos revolucionarios acaecidos en su época de adolescencia y entrara en conocimiento de importantes hechos revolucionarios tales como: la Revolución de Julio en Francia en 1830; la revolución de septiembre en Bélgica en ese propio año; las insurrecciones obreras en Polonia entre 1830 y 1831 y las muy conocidas insurrecciones de tejedores de Lion en Francia entre 1831 y 1834.
Todos estos sucesos llevan a Marx tener preocupaciones sociales por la situación en que viven los trabajadores y a comenzar a entender las injustas situaciones en las que se ejerce el poder político en un escenario muy cercano al suyo.
Por su parte en 1832 en Alemania ocurren importantes marchas populares pidiendo libertades políticas, en 1833 en Tréveris y particularmente en el gimnasio se practican registros encontrándose algunos folletos políticos alegóricos al asunto. Nada de esto se le ocupa al joven, pero evidentemente lo influenció bastante, lo cual se hace evidente al leer sus “Reflexiones de un joven ante la elección de la profesión”, a sus cortos 17 años en 1835.
Reflejaré aquí solo el final de este ensayo, que hubo de realizar Marx como parte de sus exámenes en el gimnasio de Tréveris:
“…la guía principal que debe dirigirnos en la elección de una carrera es el bienestar de la humanidad y nuestra propia perfección. No debe pensarse que estos dos intereses pudieran estar en conflicto, que uno tendría que destruir el otro; al contrario, la naturaleza de hombre está constituida de tal modo que solo puede lograr su propia perfección trabajando para la perfección, para el bien de sus semejantes.
Si uno solo trabaja para sí mismo, quizás puede volverse un famoso del aprendizaje, un gran sabio, un poeta excelente, pero nunca puede ser perfecto, verdaderamente grande.
La historia llama a esos hombres los más grandes, los que se han ennoblecido trabajando por el bien común; la experiencia aclama como el más feliz a quien ha hecho al más grande número de las personas felices; la religión misma nos enseña que el ideal de vida por quienes todos se esfuerzan por copiar, se sacrificó por causa de la humanidad, ¿y quién se atrevería a poner en duda tales juicios?
Si en la vida hemos escogido la posición desde la cual podemos trabajar más por la humanidad, ninguna carga nos puede doblegar, porque son sacrificios en beneficio de todos; entonces experimentaremos una pequeña, limitada, egoísta alegría, pero nuestra felicidad pertenecerá a millones, nuestros hechos se vivirán calladamente, pero por siempre por el trabajo, y sobre nuestras cenizas se verterán las ardientes lágrimas de la gente noble”.
(Tomado de Horizontes)