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¿Qué pasó con la palabra "compañero"?

Isla 70, Raúl Martínez.

Isla 70, Raúl Martínez.

Cuando yo era niño y luego cuando ya no lo era tanto, resultaba común el uso generalizado de la palabra compañero o compañera, según el caso. Esta expresión cordial y proletaria se había afianzado en el acervo popular del cubano, como uno de los frutos nacidos al calor del proceso revolucionario y devino en forma casi exclusiva para dirigirnos a una u otra persona de la cual lógicamente no conocíamos el nombre.

A veces se exageraba su poquito y eso tengo que reconocerlo, una vecina de por allá, apodada lolita CO2 (por su estrecha relación con el calentamiento global) muy apasionada en los momentos más íntimos de relaciones pasajeras que solía tener con frecuencia si casi conocer los nombres de los “afortunados” , en medio de emociones propias de la ocasión más de una vez fue escuchada al expresar entre suspiros: “ Ay compañero béseme, béseme fuerte” y cosas que por el estilo se dicen en ese trance y que ya ustedes podrán imaginar.

También estaba Baldomero, para quien el uso de “compañeras y compañeros” se le convirtió en algo imprescindible, al extremo que en uno de sus discursos zonales – porque todos sabemos que los discursos tienen al igual que la pelota, sus liegas menores – el hombre emocionado y colérico llegó a expresar “Que lo sepa el compañero Bush (nefasto personaje que gobernaba por entonces Estados Unidos) que aquí no comemos miedo”.

El propio Baldo, ya había iniciado una alocución en la cual no logró identificar las abreviaturas colocadas por quien había escrito sus palabras y se dirigió a los presentes como Cros Y Cras, luego se disculpó y fue peor, pues acto seguido sentenció: “ y digo cros y cras que es más moderno y más corto que compañeras y compañeros”

Lo real es que el arraigo de este término estuvo dado por el empeño que puso la Revolución triunfante por dejar atrás las desigualdades entre las diversas capas sociales que conformaban la Cuba de antes de 1959 y con esto se buscaba un trato más familiar e igualitario; en el sueño un poco utópico, pero bienintencionado, de que todos debíamos y teníamos que ser tratados con similar respeto sin importar el rango o poder económico de la persona.

Por mucho tiempo fue completamente común y general el uso de la palabra “Compañero(a)”, tanto en los discursos, como en los medios de información, o simplemente para pedir permiso transitando por la acera o para encabezar una sencilla pregunta en una calle cualquiera de mi país; sin embargo, desde hace algunos años la situación ha ido cambiando y es muy común que se nos trate de señor o señora en numerosos sitios donde nos desempeñamos, algo que también se ha extendido a espacios televisivos o radiales donde múltiples entrevistados o invitados suelen dedicar palabras, reclamos o elogios a tal o más cual señor o señora que guardan relación con su vida o con su obra.

En el plano común del día a día sucede algo por el estilo, y la familiar palabra “Compañero (a)” que tanta relación guarda con la forma solidaria y colectivista del cubano- esa forma que no debemos dejar morir en brazos de los egoísmos que ahora florecen- pierde terreno en el vocabulario de las nuevas y no tan nuevas generaciones, que quizás equivocadamente la asocian con algún igualitarismo mal concebido o ven en ella algo del pasado que la moda cambia al mismo estilo de otras costumbres.

En mi opinión, el desuso de la palabra de marras tiene puntos de contacto con otras tendencias que han empezado a florecer, fertilizadas por la avalancha de influencias seudo culturales y ajenas a un proyecto social que pretendemos y aspiramos a que sea diferente, sin olvidar el enorme peso que tienen los influjos foráneos.

Recordémosla al estilo de nuestro Poeta Nacional, Nicolás Guillén en su conocido poema Tengo:

“ (…) tengo el gusto de ir
(es un ejemplo)
a un banco y hablar con el administrador,
no en inglés,
no en señor."

(Tomado del blog del autor La Bicicleta)