La vida de los hombres, para Casto Solano Marroyo, está marcada por símbolos o signos, y los primeros influyen de forma directa en los segundos. Tal vez por ello la ensarta de esculturas pequeñitas que nacen desde esa figura inamovible, ese hombre de hombres, ese “Che de los niños” que ampara y guía la ciudad de Santa Clara.
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