Una historia en muñequitos

Hace algunas décadas el mejor agente encubierto de los Estados Unidos en América Latina era un dibujo animado. Eran tiempos de Guerra Fría, de bipolaridad ideológica nucleada alrededor de dos ciudades: Washington y Moscú. Fueron dos investigadores —y no un sofisticado servicio de inteligencia— quienes descubrieron al agente.