
Fidel saluda a los habaneros a su llegada a La Habana. Foto: Glinn, Burt.
Jóvenes rebeldes venidos de la Sierra Maestra entraban a una ciudad llena de júbilo. Un mar de pueblo los recibía a su paso por las calles. Se oían exclamaciones de libertad, otros agitaban banderas cubanas y del 26 de julio.
Un destello de luz, encima de un tanque de guerra se pronunciaba a lo lejos. El Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz entraba victorioso. El pueblo cubano lo recibía con los brazos abiertos. La historia lo llevo a la cúspide del universo, un reflejo de la victoria seguirá siendo: lo que prometió Martí, Fidel te lo cumplió.
En Ciudad Libertad se reúne con el pueblo donde expresa:
“Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil. Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo.”
“Tiene hoy el pueblo la paz como la quería: una paz sin dictadura, una paz sin crimen, una paz sin censura, una paz sin persecución”.
Si desea escuchar un fragmento del discurso en el acto popular tras su entrada a La Habana, celebrado en el Campamento Militar de Columbia, hoy Ciudad Escolar Libertad visite http://www.fidelcastro.cu/es/audio/discurso-en-el-campamento-militar-de-columbia.
Para conocer del ideario y la acción del líder de la Revolución cubana, visite el sitio Fidel Soldado de las Ideas.

Efusión compartida entre los rebeldes y los habitantes de la capital con la llegada de Fidel.

Las palomas, junto al líder de la Revolución quedaron en la historia como signo de la libertad recién conquistada.

Junto a Camilo Cienfuegos en el jeep ocupado por la columna No. 17 Abel Santamaría que conduce a los héroes por las avenidas capitalinas. Foto: Alberto Korda

Un mar de pueblo arropa a la Caravana en su camino hacia Columbia.

En el rostro del líder de la Revolución Cubana se refleja la alegría del triunfo.