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Nuestras enfermeras siempre nos superan

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Por Arnaldo Rodríguez León*

Cada 12 de Mayo se celebra internacionalmente el Día de la Enfermería, fecha escogida para homenajear la figura de Florence Nightingale, fundadora de la enfermería moderna. Hija de padres ingleses vino al mundo en la ciudad de Florencia, Italia, el 12 de Mayo de 1820 y de ahí el origen de su nombre. Su llegada al mundo en tierras foráneas hizo presagiar a su padre, hombre acaudalado y sabio, que su hija sería diferente a las mujeres de la época.

Florence recibiría de su propio padre una educación e instrucción esmeradas, logrando motivarla al extremo de facilitar el desarrollo de un ser humano excepcional cuya forma de pensar era irreverente en aquellos tiempos, autodidacta por naturaleza, dotada de una inteligencia y voluntad extraordinarias, nunca pensó en el matrimonio y podía participar con éxito lo mismo en una conversación de negocios, administración o salud.

Su momento de gloria llegaría en 1853, cuando en medio de la Guerra de Crimea el ejército le pide ayuda debido a la gran cantidad de heridos que morían en el campo de batalla, de inmediato preparó 28 enfermeras y partió hacia el conflicto bélico. Su grácil figura no descansaba ni en las noches y auxiliada por una lámpara asistía a los enfermos sin tomar en cuenta la hora, debido a ello recibió el literal seudónimo de la dama de la lámpara mereciendo algún que otro poema por ello. Gracias a su entrega y con la ayuda de su equipo de enfermeras logró disminuir ostensiblemente el número de fallecidos entre los heridos, además de lo anterior, lo cual ya de por si es notable, logró destacarse en la actividad administrativa de los hospitales existentes, realizando mejoras que fueron de inmediato aceptadas por el gobierno del Reino Unido. Al regresar de la guerra fundó la primera escuela de enfermería y su doctrina pasaría de pública a universal para fortuna de los enfermos y de quienes en el futuro sentirían inclinación hacia esa profesión.

Lo anterior es una proeza de un alcance subvalorado si tomamos en cuenta que en la actualidad no es posible ejercer la medicina sin la presencia y asistencia directa de la enfermería, cada día mejores preparada(o)s. Es imposible pasar por alto lo arraigado de lo feminista del término cuando, según estadísticas nacionales e internacionales, hasta el 90 por ciento de este personal pertenece al sexo femenino. Podría parecer exagerado pero el desarrollo científico-técnico, de tanto beneficio para la medicina como ciencia, ha propiciado en el Siglo XXI un aumento del protagonismo de la enfermería al apropiarse del espacio de los cuidados a la cabecera del enfermo, el cual durante siglos perteneció a los galenos.

Puedes visitar un hospital en Norteamérica o Europa y entrar imaginariamente a una Unidad de Terapia Intensiva para comprobar cómo es atendido un paciente con un Infarto Miocárdico Agudo, te llevarás la inimaginable sorpresa de encontrar solamente el personal de enfermería mientras el médico está “on call”, es decir, se encuentra fríamente en una oficina y móvil en mano responderá cualquier pregunta o inquietud que le comuniquen. Si el Infarto es con Supradesnivel del ST aplicarán un “table” según las guías médicas internacionales para el manejo de esta entidad y evaluarán la posibilidad de tratamiento fibrinolítico o no, si no presenta supradesnivel del ST aplicarán otro diferente. Estas situaciones, para ser justos, se acentúan en los horarios de guardia y fines de semana.

Cierto es que muchos Cardiólogos se han “mudado” hacia los laboratorios de hemodinamia realizando innumerables procederes intervencionistas los cuales cada día salvan más vida, o los laboratorios de imágenes dedicando innumerables horas a la actividad investigativa, pero contradictoriamente, por muy increíble que parezca, han perdido el necesario contacto físico con el enfermo. Otro ejemplo lo constituyen las llamadas “Nurse Practitioner” (Enfermera Especializada) en Norteamérica, ellas solas son capaces de atender pacientes con enfermedades agudas y crónicas, prescribirles  medicamentos y hasta realizar visitas en el hogar en caso de ser solicitadas. Surge así la elemental pregunta ¿Si Hipócrates de Cos es reconocido como el padre de la medicina cómo deberíamos llamarle entonces a Florence Nightingale?

Cuba posee un ejemplar modelo socialista de educación el cual te permite estudiar cualquier carrera universitaria sin costo alguno, en el caso de la carrera de medicina se ha facilitado la enseñanza a través de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) a jóvenes de bajos ingresos de muchos países de nuestro continente, incluyendo a los propios E.U.A, y también de África. Estos médicos se educan bajo la cultura de la solidaridad y la riqueza inmaterial del conocimiento como premisas en su desenvolvimiento social futuro, cuan hermoso y útil sería potenciar el desarrollo de la enfermería bajo el mismo concepto y escenario.

Mientras en nuestro país prolifera desmedidamente el fenómeno de la verticalización del conocimiento en la medicina y cada año hay menos aspirantes a las especialidades básicas (Medicina Interna, Pediatría y Ginecoobstetricia), el personal de enfermería se convierte en la imprescindible contrapartida, y sin dejar de tener sus manos sobre el enfermo, continúa superándose a través de maestrías y especialidades las cuales antes les estaban vedadas y que con acierto nuestro Ministerio de Salud Pública les ofrece actualmente. El resultado ha sido muy favorable, se ha propiciado coherentemente que el Proceso de Atención de Enfermería (PAE), como método científico, esté a la altura del método clínico y exista una retroalimentación positiva y dialéctica entre ambas formas del saber cómo.

Estar en el Amazonas como misionero me recordó mis años de servicio social cuando ejercía la medicina rural junto a otros compañeros, integrantes todos del Destacamento Manuel “Piti” Fajardo, y fuimos ubicados en el Hospital Rural de Báez “Julio Pino Machado”. Dicho enclave se encuentra a las puertas del Escambray villaclareño, éramos muy jóvenes e inexpertos pero laboraban allí dos enfermeras, Dalia Mora y Juana María Rodríguez, que sin ser Licenciadas guiaban con acierto nuestras manos y nuestro incipiente pensamiento médico en las consultas de Pediatría, Medicina Interna y Ginecología.

No alcanzarían cuartillas para describir la entrega y profesionalidad de las enfermeras cubanas en la misión, llenas de humildad, dispuestas siempre a dar el máximo de sí donde quiera que se les ubique, se multiplican durante su paso por la selva en cocineras, madres y doctoras. Su disciplina es inquebrantable y sería muy justo reconocer que las enfermeras siempre llegan primero y son las últimas en marcharse.

Si intentáramos resumir en una frase lo que ellas significan para nosotros como galenos, podríamos decir sin temor a equivocarnos: nuestras enfermeras siempre nos superan. ¡Feliz Día de la Enfermería compatriotas!

*MSc. Dr. Arnaldo Rodríguez León, Especialista de I y II Grado en Cardiología.