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Quiero el pelo bueno

Publicado el 20 febrero 2016 en Especiales,Sociedad
Publicado por: Cubadebate

Foto: Tomada de www.ehowenespanol.com

Foto: Tomada de www.ehowenespanol.com

Por Arletty Sánchez. Estudiante de periodismo

De pequeña no podía mojarme bajo la lluvia o soltarme la cabellera como otras niñas del aula. No podía hacerme todo tipo de peinados. No me elegían como la más bonita del aula y todo por culpa de mi pelo.

Antes lo tenía rizo y me caía en bucles sobre los hombros. El color era castaño claro, un “sueño” para otros adultos. Sin embargo, el cambio hormonal llegó y con él, mi nuevo pelo, más enroscado y rebelde, con poco brillo y puntas partidas. De niña rubia, me volví jabá.Muté del color castaño a jabá capirra.

¿Qué cubano desconoce esa mezcla criolla, que para algunos es la mortificación del blanco y la envidia del negro?

Sólo me consolaba que mis compañeritas sufrían más que yo. Aquellas que les tocó de congo y carabalí la herencia africana, cada sábado debían pasarse el famoso peine caliente. El pelo les quedaba con olor a chamuscado y algunas quemaduras en el cráneo. Si protestaban las madres les daban un pescozón y se iban con la tía, la abuela o la vecina maestra en ponerles el pelo “bueno”.

Quizás a ellas les dijeran como a mí:”para ser bonita hay que sufrir. Un refrán bien generalizado por estos días. A tal punto que ya a los diez años de edad recibí mi primer tinte de pelo y desrriz, u regalo de mis ancestros.

La mezcla fenotípica en Cuba no es nueva, data desde el 1492, cuando los españoles descubrieron nuestra tierra y a sus indias. Luego llegaron las africanas con su sabor diferente, los chinos, judíos y árabes. La amalgama cultural de nuestros ancestros y sus características transcendieron así hasta nuestros días.

Pero entonces, ¿por qué sólo el canon de belleza europea impera por encima de otros? Las macro industrias del entretenimiento idealizan a la mujer y entonces, descubrimos que nuestras niñas están soñando con ser rubias, de ojos claros y de pelo lacio. Incluso, los personajes que rompen con el arquetipo del cinema anglosajón no son muy oscuros de piel y su pelo ya tiene la magia de los productos químicos. A Barbie, las Bratz y las princesas de Disney no se les encoge el pelo cuando se los lavan, ni se hacen rolos o desrriz.

De esta controversia contadas excepciones como la película venezolana “Pelo malo”, con 23 premios en su haber, entre ellos Mejor guión y dirección en certámenes internacionales, se acerca a la problemática de una manera cruda y directa.

Junior es un pequeño de nueve años que quiere acabar con sus rizos para una foto escolar y bajo este pretexto nos conduce por una analogía entre la intolerancia y la pobreza del niño que quiere cambiar su pelo. El documental “Pelo malo, pelo bueno” también muestra la casi obsesiva decisión en las dominicanas por tener el pelo alisado. Dos ejemplos de los que corrompen el silencio que cerca el tema.

En el mismo panorama, se benefician las “pociones mágicas” para estirar el pelo y novedosos productos como la keratina (muy famosa en nuestro país).

Ambas industrias, la cosmética y cinematográfica, están en consonancia. La primera nos propone soluciones a un problema casi existencial ¿me estiro o no el pelo? y la segunda nos pone el escalón cada vez más alto.

Sobre los daños que provocan la exposición continúa a estos productos químicos ya llueve sobre mojado. El uso de formaldehidos, lo que permite “enderezar” nuestro pelo, puede exponernos a contraer cáncer, según los expertos, o desencadenar el asma. Sin embargo todo parece inútil en contraste con la saturada exposición a los arquetipos comerciales.

El impacto social de estas consabidas influencias se aprecia en la precoz iniciación de niñas en los salones de belleza. Un problema que ya se liberó de sexismos para importarles también a los muchachos. Nuestros jóvenes más presumidos ya no sólo se preocupan por el qué vestir, un fenómeno consecuencia de la metro sexualidad.

Claro que en recetas de belleza, cada cual escoge la suya. Pero por qué elegir las foráneas en detrimento de las nuestras. El estilo afro también es plausible. En Cuba, para los setenta, la moda era ver a los hombres con el pelo esponjoso y de gran volumen.

Símbolo también de rebeldía, y espíritu bohemio, esta opción no la desechan del todo los jóvenes de estos días. Aún cuando en nuestra propia televisión estén escasos los personajes como Loretta de la novela dominical “De amores y esperanza”.

La decisión de alisarse o no el cabello está a costa de cada cual. Para gustos los colores, afro o liso, no importa la modalidad, seguirás siendo cubano. Después de todo al decir de la colega María Mercedes Puzo, en materia de pelo, no hay ni buenos ni malos.

Foto: Tomada de www.alexmourahairvip.com

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