El Che Guevara: Unas tablas no diplomáticas

Jugar ajedrez a ciegas y mantener más o menos el mismo nivel de juego que mirando el tablero es una proeza. Hay que tener, además de talento y dominio del juego, una memoria prodigiosa. Casi una computadora metida en la cabeza. Y si un ajedrecista es capaz de jugar a ciegas contra varios jugadores simultáneamente, la proeza es mayor.