
Foto: Roberto Suárez.
La agresión de Washington contra Cuba no tiene límites, sus aparatos “diplomáticos” e ideológicos no cesan. El imperio y sus acólitos llevan más de cinco décadas derrochando millones de dólares en desinformación. Bien dijo Raúl Castro: “Las campañas contra Cuba son un dínamo que produce una fuerza más grande en provecho de la Revolución”.
Una de las mayores infamias, ha sido acusar a Cuba de explotación infantil y prostitución de menores (son innombrables los medios difamadores). La dignidad de Cuba es tan alta que no tiene que rebajarse a desmentir miserables bajezas. La dedicación de la Revolución a los niños se inspira en José Martí: «Para los niños trabajamos, porque ellos son los que saben querer, porque ellos son la esperanza del mundo».
En el libro Un grano de maíz (1992), Tomás Borge le pregunta a Fidel: “En América Latina y otras geografías se habla con insistencia sobre supuestas violaciones en Cuba. ¿Cuál es la situación real de los derechos humanos en este país?”. Fidel inicia: “Tengo la más íntima convicción de que en ningún país del mundo se ha hecho más por los derechos humanos que lo que se ha hecho en Cuba”. La disertación que realiza luego es brillante; tal vez sea la mejor alocución política sobre derechos humanos hecha por un estadista, y respaldada por hechos.
Al referirse al abandono infantil señala: “Si tú tienes en cuenta, por ejemplo, que en nuestro país no se encuentra un niño mendigo, un niño sin hogar, un niño abandonado por las calles -y no lo hay en nuestro país-, y te encuentras que en el resto del mundo, hasta en los países desarrollados, pero fundamentalmente en los países del Tercer Mundo, hay decenas y decenas de millones de niños abandonados, sin hogar, sin padres, sin apoyo alguno, pidiendo limosnas por las calles, tragando fuego, haciendo espectáculos para ganarse la vida –y ese es un cuadro generalizado-, y que en Cuba no hay uno solo de esos niños, ¿habrá un país que haya hecho más por los derechos humanos que lo que hemos hecho nosotros?”
Los mismos medios que calumnian a Cuba, no solamente no les interesa abordar el evidente abandono de los niños en América Latina, sino que son cómplices del problema, por publicitar y defender políticas económicas neoliberales y criminales, aplicadas por gobiernos de derecha.
De la trata de niños dice: “Si tú te pones a pensar en la prostitución infantil, tan generalizado en el Tercer Mundo, en niños, incluso, que son utilizados para el comercio sexual o para escenas sexuales y todas esas cosas, y tú no encuentras en Cuba un solo caso de esos, ¿habrá un país que haya hecho más por los derechos humanos que nosotros?”
Pero la lógica de los calumniadores -sin éxito- es la misma que usaba el nazi del Tercer Reich Joseph Goebbels (ministro de propaganda de Hitler) para condenar a sus detractores: “Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”. Los informes de UNICEF (Cuba es el único país de América Latina y el Caribe que ha eliminado la desnutrición infantil) y los de la UNESCO (Cuba posee el mayor desarrollo educativo de Latinoamérica) desmienten esas difamaciones.
Al imperio le desespera no poder influir en la formación de los cubanos (que no crecen en un sistema individualista y consumista). Desde 1959 la Revolución garantizó una educación con valores socialistas. Sus héroes no son Superman o Batman, sino los propios cubanos que entregaron sus vidas por una patria libre, independiente y soberana; ellos crecen admirándolos. No en vano, cada día, los niños afirman: “Pioneros por el comunismo, ¡Seremos como el Che!”. Los niños cubanos de ayer, son los que hoy están en Sierra Leona.
En su libro Ernesto Cardenal en Cuba, el poeta cuenta una anécdota de 1970: “En la playa unos niños de 10 a 12 años. Muchos de ellos negros, rodeaban al escritor Walsh, y cuando yo llegué le estaban preguntando de dónde era, y cuando les dijo que de Argentina, dijeron: “¡La patria del Che!” Me preguntaron mi patria, y entonces dijeron: “¡La patria de Sandino!” Le pregunté al más pequeño de todos, un negrito que tal vez tendría 9 años, quién era Sandino y me dijo prontamente: “Un guerrillero nicaragüense que luchó contra el imperialismo”… Hablaron de los tupamaros, de Vietnam, de Laos, y de pronto salieron corriendo y se fueron a zambullir en el mar.” ¡Ya quisiera el imperialismo que eso niños estuvieran sumidos en la ignorancia, la explotación y las drogas!
Hoy miles de niños, hijos de cubanos en Miami (donde radica el “exilio” anticomunista, y desde donde se hacen las mayores calumnias contra la Revolución) son enviados a pasar sus vacaciones en la Cuba socialista. Esta es una alternativa fascinante para ellos, porque es más barato, más seguro, no hay violencia, no hay drogas, y los niños no son abusados.
Razón tenía Fidel cuando en 1987 dijo, que los logros de la Revolución muestran una abismal diferencia entre capitalismo y socialismo: es como diferenciar un prostíbulo de un círculo infantil.