Detrás de la euforia mediática, los hombres

Treinta y dos mineros chilenos y un boliviano se encontraban atrapados a casi 700 metros bajo la superficie de la tierra, enterrados vivos en las entrañas de una mina de cobre y oro. Desde el hundimiento de varios muros de sujeción, bajo miles de toneladas de roca y lodo, sobreviven mal que bien en uno de los refugios todavía accesibles. Beben el agua que escurre, racionan sus escasos alimentos y padecen un calor asfixiante. Pero su pequeña nota lo demuestra: están bien de salud.