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Roberto Fabelo: "Pueden estar cayendo bombas que voy a seguir dibujando"

Roberto Fabelo. Fotos: Petí

Roberto Fabelo. Fotos: Petí

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, en el barrio de Lezama Lima y en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy nos acompaña en nuestro espacio, en este tiempo, el gran pintor y dibujante, y amigo mío, amigo mío muy querido, Roberto Fabelo. ¡Robertón, qué gusto tan grande! Yo sé que a ti no te gusta mucho esto de las entrevistas, te agradezco entonces doblemente que hayas hecho el esfuerzo y que hayas venido a estar con tu amigo Amaury.

Fabelo. Gracias, Amaury.

Amaury. En cualquier biografía tuya aparece que naciste en el 50, un 28 de enero y en Guáimaro. ¿Pero eso no resume bien en qué parte de Guáimaro? ¿Y cómo era la casa donde tú naciste?

Fabelo. Imagínate, en esa casa yo nada más que nací, en las afueras de Guáimaro, en una finca, en el año 1950, exactamente un 28 de enero porque hay algunas biografías por ahí, que dicen en el 1951, realmente el 50 es más bonito aunque me añada un año, pero es más bonito porque es a mitad de siglo.

Me gustó ese lugar desde niño, después pasé al centro del pueblo.

Amaury. Pero aquel lugar, ¿tú lo recuerdas como un lugar muy pobre?

Fabelo. Bueno, mira, mi familia era una familia pobre de tradición. Un abuelo por parte de padre venido de España, o su familia venida de España tratando de hacer Las Américas.

Amaury. ¿De dónde eran, de Canarias?

Fabelo. De Canarias, pero bueno, realmente lo que hicieron fue miseria. Gente de poca formación desde el punto de vista educativo, en fin, gente de campo muy dura, pero que fueron víctimas de las peores circunstancias que se puede uno imaginar. La niñez casi nunca recuerda la miseria, y la pobreza, pero yo tenía mis propios medios para disfrutar la niñez, ahí entre el pueblo y los linderos del pueblo y el resto de la zona, ¿no?

Amaury. ¿Y tú te hacías tus propios juguetes?

Fabelo. Sí, sí.

Amaury. ¿Qué juguetes te construías?

Fabelo. Bueno, imagínate, eso era lo más rico, nosotros hacíamos -digo nosotros porque...

Amaury. ...Sí, tus hermanos...

Fabelo. ...El grupo de hermanos, nos hacíamos unos juguetes con trozos de ramas de árbol, con huesos, con latas inservibles. Yo rodeaba una zona con palitos de trozos de madrea y ahí mismo metía dos pomos y los enyuntaba y eran dos bueyes, por ejemplo.

También modelaba mucho con el barro, con la cera de los panales de abejas. Ese mundillo un poco minúsculo, pero grande a la vez, ese fue, probablemente, la génesis de mi propio interés por las formas.

Amaury. ¿Y esas lagartijas de cera de los panales que tú le hacías a tu abuela y las cucharas?

Fabelo. (risas) ¡Pobrecita! Tú sabes que el alacrán es una cosa maldita, las lagartijas y las arañas, todos esos bichos. Entonces mi pobre abuela les tenía un terror tremendo a todos esos animales. Yo lo que los hacía y los trataba de imitar en su estructura, en su anatomía, aquel animalito que fuera lo más veraz posible, entonces se los ponía en los lugares que habitualmente ella..., cuando iba a comer en la mesa, en la almohada.

Amaury. Eso es maldad pura.

Fabelo. Sí, pequeñadas.

Amaury. ¿Y qué hacía ella?

Fabelo. ¡Imagínate!, metía unos gritos, era muy emotiva. Yo no sabía que era emotiva, yo lo que quería era divertirme, pero claro, yo era muy niño, se me debe perdonar y que ella me perdone.

Amaury. Si eso fue la génesis de lo que pasó después, pues ella estará feliz donde quiera que nos esté mirando, en cualquier dimensión donde esté, estará feliz de que aquellos juegos de su nieto, dieran al artista que es hoy. ¿Y cuántos hermanos son ustedes?

Fabelo. Cinco.

Amaury. ¿Todos varones?

Fabelo. Tres varones y dos hembras.

Amaury. ¿Y qué ocurre cuándo tú te pones así, digamos perezoso, y no los llamas con frecuencia?

Fabelo. Nosotros somos una familia que nos llevamos muy bien. Mi madre vive, no así mi padre lamentablemente, pero sí mi madre y ya se ha prolongado en el tiempo la familia que él fundó, con esa unidad, con esa armonía, que nunca es perfecta. Ellos, desde luego, hacen lo posible porque yo esté cerca y me invitan y me llaman, pero bueno, siempre tenemos un sistema y nos comunicamos cuando es necesario.

Amaury. A mí me dijeron que se ponían, cuando tú te demoras en llamar: ¡oye!, ¿qué te pasa, por qué no has llamado?

Fabelo. Sí, pero eso es viejo, vaya, de toda la vida.

Amaury. Es el amor, amor de verdad.

Fabelo. Sí pero siempre algún reproche. Yo también les hago algún reproche en algún momento.

Amaury.  Pero eso me lleva a un tema que es muy importante en tu vida, que es tu mamá, Clotilde, Titi. La relación yo sé y, lo sé bien, que es el ser más importante en tu vida. Que es una mujer, además, muy vital. Háblame de tu relación con ella y del amor que le tienes, de cuánto dependes todavía, incluso del cariño que ella te de.

Fabelo. Bueno, esa es la madre que me parió y la que felizmente mantiene una vivacidad y una energía a sus casi ahorita 80 años, y con ella hemos tenido siempre una gran armonía. Tuve millones de prueba de su sacrificio desde temprano en la vida, y a veces uno de niño no alcanza a darse cuenta de algunas cosas, pero bueno, tempranamente me di cuenta de cómo se esforzaba, de cómo se sacrificaba por nosotros y con ella he tenido siempre una comunicación muy buena.

Amaury. ¿Ella sigue siendo todavía la que tú vas y le consultas cosas?

Fabelo. Ya yo la agobio, desde luego, mucho menos, porque en realidad yo fui bastante independiente, desde temprano. Quiero decir, el mayor de los hermanos soy yo, y yo mismo me busqué mi beca para estudiar el arte y yo mismo después me ocupé de echar a andar esa parte de mi vida y de intentar quitarle la mayor cantidad posible de preocupaciones.

Ella, no se me olvida, una vez fue a una escuela al campo a llevarme una jabita con cosas, a un lugar remotísimo, era un domingo y yo veía que la gente llegaba en carros, a veces, otras veces por su vía, pero bueno...  vi una figurita que venía por allá, lejísimo, parada en el campamento y cuando va llegando me doy cuenta de que era mi madre, venía sudando y todo.

Entonces le dije: ¡más nunca vuelvas a hacer esto por mí! Yo sé que lo haría gustosa cuantas veces fuera necesario, pero en aquel momento me sentí muy conmovido por esto y yo le dije: ¡mira, no lo vuelvas a hacer! Además, no era imprescindible en ese momento.

Amaury. ¿Cuándo llegan ustedes a La Habana? ¿Cuándo se mudan de Guáimaro a La Habana?

Fabelo. Nosotros vinimos primero en el año 57 a La Habana, buscando trabajo mi padre. Luego en el 59 cuando triunfa la Revolución a principios del año 60, nosotros vamos como en el mes de marzo, o abril a Oriente. Mi padre trabajaba entonces para el cuerpo técnico de la FAR como albañil y retornamos a aquella zona de allá de Oriente. Después ya en el año 63, yo regreso definitivamente a La Habana, con él, que se enfermó y ya vino toda la familia.

Amaury. Él se enfermó y fallece aquí en la Habana.

Fabelo. Sí, falleció en La Habana ya años después.

Amaury. Estamos hablando de que tu madre enviudó siendo una mujer joven.

Fabelo. Sí, mi madre tenía unos 50 años.

Amaury. ¿Tú eres de la primera generación entonces de muchachos que estudian en la ENA?

Fabelo. No de la primera generación. Yo entré a la ENA en el año 67, o sea, cuatro años después que llegué a La Habana, me orienté, insistí, me presenté a prueba y entré.

Amaury. Tú me decías: yo desde muchacho ya tenía un interés. Y te voy a hacer una pregunta que siempre te he querido hacer. Yo digo que en una época de su vida todos los niños pintan, todos los niños dibujan una casita con una chimenea. ¿Por qué unos niños continúan haciendo, y esas casitas, esa chimenea, ese sol, esa playa, esas palmeras, se convierten en la obra de esos pintores y por qué unos niños deciden que no, que eso es una gracia de muchacho y que eso no vale la pena el esfuerzo?

Fabelo. Bueno, yo siempre he dicho que todos somos artistas, tenemos un artista, que en unos se desarrolla y en otros no, y en el caso de los niños que prolongan sus estudios, o sea, su interés y el entorno les ayuda y, bueno, deciden, desde luego es un número más reducido, pero yo pienso que uno no debería dejar de dibujar nunca. Que todos podríamos seguir dibujando en la vida. Algunos, de hecho, lo hacen, hablando por teléfono, otros en una pared rayando un graffiti, otros dibujándole un corazón a la novia, en fin, ese tipo de cosas, y es una cosa que se puede hacer de manera, digamos, natural, espontánea, sin mayores pretensiones. Pero es aquello que podríamos definir como vocación, ¿no? el interés ya manifiesto, sentido, que te permite ir identificando cuál es tu perspectiva..., entonces es un misterio, quizás también... pero...

Amaury. ...Pero no está vinculado al hecho de que muchas veces las mismas familias dicen: Ah, no tiene talento para esto, a veces uno mismo dice: Yo no voy a escribir porque no tengo talento o esto no es importante...

Fabelo. Yo, al menos, en mi familia recibí respeto para esto. Siempre apreciaron que yo dibujara y nunca me dijeron que tenía que estudiarlo ni que no tenía que estudiarlo, eso fluyó de esa forma y yo dibujaba por todos lados, en las aceras, en el pizarrón de la escuela, en las paredes, donde fuera posible. Esto, al menos lo apreciaron, sin tener digamos, una visión cultural, ni un nivel de apreciación, porque ya te digo cuál era su condición.

Sin embargo, ellos respetaron mi idea y eso fue muy importante. Ellos apreciaron con respeto que yo (pintara) por todas partes, ¡ah, mira el niño qué bonito (pinta)!, ya. Y cuando dije: Voy a estudiar pintura; ¡ah, perfecto! Yo me las arreglo.

Amaury. Pero hay una cosa que a mí siempre me ha llamado la atención de ti. Tú has ocupado responsabilidades altas en el Consejo Nacional de la UNEAC y a mí hay algo que siempre me llamaba la atención, y es que yo decía: Fabelo está constantemente tomando notas de todo lo que se habla. Yo decía. ¿Qué cosa tan rara? Yo miraba para la mesa de dirección y a veces la gente estaba atendiendo, y Fabelo siempre estaba apuntando. Y un día yo me acerqué y te dije: ¡Oye, chico, ¿todo lo que habla aquí todo el mundo te interesa?, ¡déjame ver lo que copiaste! y era una cantidad tremenda de dibujos.

Fabelo. Tú sabes que eso es un vicio. Hay unos vicios buenos, yo creo que este es un buen vicio. Yo nunca serví para organizar ni dirigir nada, pero la vida me colocó a veces en situaciones en las que tenía que asumir alguna responsabilidad, como miles de reclamos que hemos tenido todos los cubanos durante todos estos años. Yo sí participé, en términos de responsabilidades en algunas cosas.

Pero siempre dibujé por todas partes, y a veces eso me hacía vagar un poco, y eso no era muy responsable en el sentido de estar atento a lo que estaba sucediendo, aunque siempre tenía mi consciente puesto en la reunión, pero me escapaba un poco de lo insoportable que eran muchas reuniones, dibujando.

Amaury. Las reuniones pueden no ser tediosas; pero hay personas que hablan en las reuniones que son muy tediosas.

Fabelo. Pero bueno, ese es un mal que arrastra la humanidad, quiero decir que siempre hay a quien le gusta escucharse.

En alguna que otra ocasión recibí algún pequeño reproche, alguna mirada como diciendo: ¡Oye, estáte atento acá!, pero al final terminaron perdonándome, disculpándome y yo toda la vida lo he hecho. Y en esas reuniones, es verdad, una de las cosas que decían era: Bueno, ese tipo está llevando el acta, ¿o qué? (risas)

He acumulado muchos, se puede decir, casi miles de dibujos sacados de esas circunstancias. Espero haber cumplido de todos modos con mis deberes, pero creo que uno de mis principales deseos y de mis principales deberes, también ha sido dejar fluir esa naturaleza de grafomaníaco que he tenido y que es un reclamo de mi entraña, de mi corazón, de mi arte, de mi mano y no puedo dejar de hacerlo.

Por lo tanto, pueden estar cayendo bombas que voy a seguir dibujando.

Amaury. La próxima vez que haya una reunión de esas, voy a aprovecharme cuando estés tomando notas y voy a tumbarte un par de notas de esas. (risas)

Fabelo. El problema es que al final como esas reuniones son masivas me dejaban sin dibujitos. (risas)

Amaury. Oye, ven acá. Tú eres dibujante y eres pintor y eres escultor. ¿Cualquier material sirve?

Fabelo. Sí. Todos los materiales son aprovechables.  Yo he mirado hacia la realidad, como han hecho otros mucho antes y todo material puede ser objeto de interés artístico en su manipulación. A veces hay cosas que sin intención artística alguna, son obras de arte.

Mira, el cubano es un reciclador nato, yo uso el lápiz como cosa elemental, pero también he echado mano a huesos, a hierros viejos, a tenedores, cubiertos, bandejas de aluminio. Las he ensamblado para hacer mis cosas y para comunicar a veces cosas que me interesan desde esos materiales. Por lo tanto el material es eso, es un material, es un medio, hay que ver cómo uno le pone a eso...

Amaury. Y desde que tú estabas en el ISA, porque en el ISA sí eres de la primera generación. ¿Quiénes eran tus compañeros de aula, de curso?

Fabelo. Bueno, ahí no me atrevería a decirte uno u otro, porque aprecio muchos artistas que en la época desarrollaban sus estudios allí, y que harían una lista un poquito extensa. Los hay de diversas promociones.

Amaury. Te hablaba de los fundadores.

Fabelo. Por ejemplo, Nelson Domínguez fue uno de los profesores, Luis Miguel Valdés, de los profesores jóvenes. Estaba una promoción como la de Flavio (Garciandía), (Arturo) Montoto, y otros artistas...

Amaury. ¿Y fuiste maestro de...?

Fabelo. Yo fui profesor del ISA (Instituto Superior de Arte) después que me gradué en el curso de trabajadores pasé a trabajar al ISA porque yo era profesor de San Alejandro.

Amaury. ¿A quién graduaste con muy buenas notas? Vaya, no me puedes decir a todo el mundo, pero tú tienes que tener uno o dos alumnos que desde que los viste dijiste: ¡a estos les voy a dar 100, ó 5, ó 10, o como fuera la evaluación en esa época!

Fabelo. Quisiera que tú no me obligues a responder esa pregunta porque tuve una buena cantidad de estudiantes y cada uno tenía sus características.

Amaury. Responde si quieres.

Fabelo. No creo que yo fuera un gran docente.

Amaury. ¿No tenías vocación por la pedagogía?

Fabelo. Me ha gustado más hablar con los jóvenes estudiantes, por ejemplo, y como siempre estaba en ese otro plan, que te repito, siempre pensando en el dibujo, yo trataba de trasmitirles ese deseo de trabajar.

Entonces, cuando terminé mi período de trabajo como profesor en el Instituto, seguí teniendo hasta hoy día una relación con los estudiantes que me parece más interesante, una relación con jóvenes artistas muy enriquecedora.

Amaury. Menos académica.

Fabelo. Menos académica, menos del aula, aunque también defiendo el aula, pero más como un escenario, en el caso del Instituto, como un escenario de confrontación, de contraste de ideas, y de búsquedas. Siempre los he convocado a no perder la curiosidad por el nuevo conocimiento. Bueno, no solo a los jóvenes, a muchos colegas míos les trasmito mi propia experiencia de no cejar en el propósito ese de curiosear en cuanto nuevo conocimiento pueda haber y en cuanto nuevo rincón que tenga un poquito de luz. Eso sí me parece que es algo que me ha quedado de aquella época en que fui profesor.

Amaury. Te hicieron Maestro de Juventudes, es un título...

Fabelo. Bueno, yo dije que no era Maestro de Juventudes, sino alumno de juventudes, porque aunque dije también en esa ocasión que había que mirar hacia el acervo cultural de la nación, y hacia la historia de la cultura de la nación, había también que mirar hacia delante, y abrirse a cuanta cosa nueva pueda beneficiar el proyecto.

Amaury. ¿Tú te sientes deudor de Goya, de Dalí, de Velázquez?

Fabelo. Me siento deudor de millones de gentes. Fíjate, en el primer año que entré en la ENA, yo estaba dibujando y apareció un día un grupo de americanos y llegó una que me dijo: ¡Dibujas como Goya! Pero todavía yo no tenía claro quién era Goya, fíjate. Después me aterré cuando vi que dijo que yo dibujaba como Goya. Me mandó un libro y, desde luego, ya conscientemente lo estudié. En buena medida mi sentido de la figuración proviene de esa visión de Goya, de Velásquez.

Amaury. ¿Pero era una cosa natural en ti, tú no tenías una idea?

Fabelo. Fue la generosidad de una persona hacia un jovencito que se iniciaba y lo quiso estimular, pero yo apenas sabía. En aquel momento no se me olvida, sabía quién era Da Vinci, pero no sabía de Goya y que tenía aquel peso y que tenía yo esa conexión. ¿Quién sabe por dónde ha llegado?

Amaury. Bueno, tú eres nuestro Goya.

Fabelo. No, pero aquí hay muchos.

Amaury.  Aquí hay muy buenos dibujantes, pero bueno.

Fabelo. Y que trabajan muy bien.

Amaury. No voy a permitirte que seas tan humilde como para no reconocer esa mano.

Fabelo. Bueno, lo que sé  es que dibujo mucho, no que dibuje bien, sino que dibujo mucho.

Amaury. Yo voy a agregar que dibujas mucho y muy bien, eso lo pongo yo.

Cuando te llamé para que vinieras al programa, esto es una cosa muy bonita que quisiera compartir con los televidentes. Una de las cosas primeras que hizo Fabelo, que hiciste tú, fue preguntarme ¿Qué otros compañeros tuyos venían al programa?

Le conté la idea de que vinieran varios pintores, pintores importantes, artistas plásticos importantes. Fue la primera pregunta que me hizo. Después me dijo: "Mira, voy a ir, pero es que he estado siendo utilizado mucho por los medios y no quisiera seguir siéndolo, sale Fabelo y vuelve a salir Fabelo. Eso denota tu nivel de humildad y de pocas ganas de figurar.

Mucha gente dice que tú eres un artista muy mediático, muy utilizado por los medios. ¿Tú estás de acuerdo con eso?

Fabelo. Bueno, la palabra utilizado no... Sí han sido muy gentiles, muy generosos siempre y me han invitado una y otra vez, desde periodistas, digamos, consagrados, periodistas muy profesionales hasta estudiantes que están haciendo sus primeros "pininos" en el mundo periodístico y a veces casi me han dicho: ¡necesito que me des esa entrevista! Y claro que la he dado.

Amaury. Eso mismo hice yo (risas)

Fabelo. Lo que pasa es que a veces son demasiados y por eso te decía: Yo creo que he estado muy presente en los medios, efectivamente, que ha habido mucha gentileza, que ha habido mucho respeto y bueno, desde luego, yo lo agradezco, ¿no?, pero trato de no aparecer.

Dedico mucho tiempo a mi mujer, a Suyú, ella y yo hacemos un binomio de trabajo, de vida y de trabajo y atendemos mucho a nuestros hijos. Me gusta hablar de la familia, porque...

Amaury. De la familia íbamos a hablar, así que ya estamos hablando.

Fabelo. Ah, bueno, pregúntame, pregúntame.

Amaury. Lo que pasa es que uno conoce normalmente al artista. Primero, Suyú también estudió pintura y ella de alguna forma la abandonó y  eso fue un sacrificio por estar ahí contigo, cuidándolo todo. Ella ha sido la madre de tus hijos, y quiero que me hables de tus hijos porque están estudiando pintura también. ¿Tú hubieras querido que estudiaran pintura o hubieras querido que estudiaran otra cosa? Hablemos de ellos, de los tres.

Fabelo. Bueno, Suyú es..., ¡es la salvadora de mi vida!, además, Suyú llegó a mi vida en un momento en que el disloque mío era...

Amaury. Suele ocurrir.

Fabelo. Entonces Suyú llegó con su risa y con su temprana sabiduría, su energía, y me reorganizó la vida y me salvó de..., creo que no voy a exagerar, casi del abismo..., pero ha sido mi alma y mi corazón durante..., yo lo he dicho, la que me da la vida y es una realidad y lo puedo proclamar en todas partes, y de ella salieron estos dos niños que han seguido el mismo camino y que siempre le pregunté a ellos: ¿Ustedes quieren estudiar, pero cómo que pintura? Sí, yo quiero estudiar. ¿Y tú? Yo también quiero estudiar pintura. Y yo, como antiguamente, ¿por qué no se hacen médicos, arquitectos, abogados? pero no. No les puedo decir tampoco que no. Entonces uno va a entrar ya al Instituto Superior de Arte y el otro a San Alejandro. Y bueno, no tengo yo que decir las condiciones que tienen, no debo ser yo...

Amaury. Si tú los has dejado, condiciones tendrán, si no, tú los hubieras amarrado con una cadena, porque la comparación siempre va a aparecer.

Fabelo. Yo puedo hablar de sus condiciones, pero quiero hablar más de otra cosa, que es de la libertad de que ellos decidan ser lo que quieren ser.

Amaury. ¿Aún cuando en esa libertad pudieran ir al fracaso o al abismo de donde mismo te sacó Suyú? ¿Tú lo permitirías, lo aceptarías, sufrirías con eso?

Fabelo. Bueno, una cosa no quita a la otra, ¿no? Es decir, hay que ser responsable, desde luego en la vida también, y cuidar y proteger a los que uno quiere. He tratado, primero de que ellos vean y, efectivamente yo he estado, desde luego atento, pero nunca dejaría, jamás permitiría que se fueran al abismo. Ahí estoy para que no suceda, digo, entre otros factores porque somos muchos los factores responsables de que un ser vaya o no vaya al abismo.

Pero una responsabilidad fundamental la tiene la familia, y yo como padre la tengo con ellos. En eso tengo la suerte de que Suyú me acompaña también, me ha ayudado enormemente. Casi puedo decir que yo la he ayudado a ella.

Porque yo he estado también muy absorto en mi propio trabajo artístico, debo reconocerlo. Me voy a veces a vagar y a menudo me olvido de la realidad, lo debo reconocer. Vagar en el buen sentido.

Amaury. Sí ¡Y ahí está ella!

Fabelo. Y ahí está ella, y es gracias a eso también, que desde luego, hemos podido identificar que ellos, efectivamente, están en el camino.

Amaury. ¿Qué te pasa cuando la gente viene y te dice: Fabelo, píntame otra vez -ya tú pasaste por ese mundo-, píntame otra vez un enano, píntame otra vez temas que ya tú has ido dejando atrás?, ¿lo haces? ¿porque te lo pida un galerista, por ejemplo, que te pida una etapa de tu vida que ya tú dejaste?

Fabelo. A ver, te digo rápidamente, yo sigo dibujando todo tipo de seres y de cosas que se me ocurran, en esos pequeños dibujos que he acumulado durante décadas. Hace poco vi un dibujo del año 1989 y empecé a hacer como una especie de revisita a esos dibujos y comencé a hacer unos dibujitos parecidos, pero era como una suerte de solaz mío, ¿no?, porque me permitía hacer aquello como una celebración de veinte años de aquellos dibujitos. Pero no, hoy día no, quizás algún personaje sale todavía en algunas de mis pintura, pero estoy trabajando con otros motivos ya hace tiempo.

Amaury. Pero si apareciera un galerista ahora que te dijera: ¡Yo quiero que tú me hagas aquellos dibujos que tú hacías hace 25 años!

Fabelo. No, la verdad es que uno debe luchar contra ese tipo de, no digo imposiciones, pero ese tipo de reclamos defasados.

Amaury. Qué se pueden convertir en un cliché.

Fabelo. Sí, porque aunque ese tipo de motivos quizás lo identifican a uno, entonces, el estilo tal, y el estilo se puede convertir en una camisa de fuerza, se puede convertir en un enemigo.

Amaury. ¿Para cada exposición tú haces siempre trabajos nuevos?, ¿te gusta?

Fabelo. No hago muchas exposiciones.

Amaury. Bueno, las que has hecho.

Fabelo. No las hago porque creo que cada exposición debe ser una idea, cuando hay obra que puede mostrarse y que puede resultar interesante también para los demás, conocerlo, pues se muestra. Pero si es lo mismo, si al menos no hay algún nuevo planteamiento, me parece que no debe hacerse una exposición.

Amaury. ¿Y qué te vas a hacer ahora en Siena, Italia que te han dado un museo entero para que hagas una exposición?

Fabelo. Bueno, fíjate, estoy armando el muñeco, estoy tratando de ver cómo hago una síntesis de la obra más reciente. Un lugar donde nunca exhibí la obra precedente, y por lo tanto, cuando muestre esta obra, pues será la obra que estoy haciendo ahora.

Amaury. ¿Pero que tienes, que están en tu propiedad?

Fabelo. Tengo algunas,  sí, conmigo, una de las instalaciones, algunos de los objetos que he elaborado, pero bueno, lo que más me atrae es hacer material nuevo.

Amaury. Me gustaría preguntarte sobre temas un poco más domésticos. Me dijeron que tú eres una persona muy hacendosa, que en tu casa lo haces todo, que tú eres el que cocina, que tú eres el que lava... (risas)

Fabelo. (Risas) Confieso, y desde luego, eso es casi sabido, que como yo me paso la vida pintando y dibujando, tengo una retaguardia muy fuerte, la he creado. Apenas, debo confesarlo, sé freír un huevo, vaya, además, se pierden las habilidades con el tiempo..., tengo como te decía, una retaguardia que se ocupa de hacer todo; ya yo no hago, me siento medio bruto porque ya no sé hacer esas cosas. Pero, bueno, mira no hay tiempo para mucho más. Dibujar, pintar, buscar, investigar, leer, estudiar, me absorben todo el tiempo. Por suerte, pues tengo a Suyú que se ocupa de garantizar que eso sea así.

Amaury. Pero ahora voy a otra. Tú eres un hombre de un carácter afable, tú eres una persona fácil; pero me han dicho que cuando estás trabajando eres también muy alegre, que cuando estás en el proceso se te puede acercar, que se te puede molestar. ¿Es cierto? (Risas)

Fabelo. No, no, no. (Risas)

Amaury. (Risas) Son las preguntas como en negativo todo.

Fabelo. No, no, no, yo necesito, no sé si es vejez o qué, yo necesito concentración, yo necesito silencio, que no haya interferencia. Temo que a veces me ha alejado un poquito de la vida misma. Hago mis saltos en mi trabajo y me dedico también a otros reclamos.

Amaury. ¿Qué te pasa, por ejemplo, cuando tienes una conversación con una persona y a veces Suyú te tiene que estar dando por debajo de la mesa porque te desconcentras de lo que te están diciendo? (Risas)

Fabelo.¡Oye, voy a parecer un alucinado yo aquí, un lunático! (Risas)

Amaury. ¡Bueno, no, vas a parecer lo que pintas en tus cuadros!

Fabelo. Pero yo casi se lo digo a la gente a veces: ¡discúlpenme! Suyú me dice: ¡Óye, atiende! Pero yo estoy yéndome detrás de alguna imagen. Eso es casi inevitable, chico, no sé cómo se puede denominar eso, Alzhaimer... (Risas)

Amaury. No, eso se llama ser artista a tiempo completo, debe ser así. Estar conectado todo el tiempo con la creación. Yo lo comprendo porque yo vivo así.

Fabelo. Bueno, pero Suyú me trae a la realidad igual que me eleva al cielo me trae también a la tierra. Ella me dice: ¡óye, atento con esto! De verdad, ella es un ángel detrás de mí.

Amaury. Bueno me da mucho gusto que hables mucho de ella. Pero también sé que escuchas mucho radio y que eres un lector de primera.

Fabelo. Yo quisiera ser mejor lector, chico, porque me gusta, me apasiona y aprovecho cuanto instante tengo. Tú sabes que cuando pintas no puedes a la vez escribir o leer, cuando más, puedes escuchar música, escuchar sonidos.

Ahora leo con la avidez y con la lamentable certeza de que no te vas a poder leer ya todos los libros escritos y todo lo que se ha hecho de maravilloso en este mundo. Entonces llegar a la conclusión de que eso es así es un poco amargo porque se ha escrito mucho y muy diversas cosas. Me gustaría conocerlo todo

Amaury.  ¿Y una de las cosas que te gustaría sería cantar? Porque yo te he oído cantando boleros, pero ¿Te gustaría ser cantante lírico, por ejemplo? Para eso todavía tienes tiempo.

Fabelo. (Risas) ¡Mira, a mí me gusta cantar, sí, desde luego! Yo creo que nos gusta a muchos, a mucha gente.

Amaury. Sí, pero tú cantas bien; a mí me gusta cantar y lo hago mal. (Risas)

Fabelo. No, no entremos en eso porque... A mí me gusta cantar, sí, a mí me gusta toda la música, mira, yo canto, pero conmigo mismo, meto unas descargas mientras pinto, lo mismo un bolero, que una pieza de jazz que un aria de ópera, ultimamente me he aprendido muchas de ellas.

Amaury. ¿Nunca has pensado en hacer un disco, con tantos amigos músicos que tienes?

Fabelo. Precisamente por respeto a todos los amigos músicos (risas) porque sí me gustaría para divertirme, para joder un poco con mis amigos; ¡mira, toma un disco! Tú sabes que siempre se habla del violín de Ingres, que alguien tiene una cosa...

Amaury. Sí, una afición, una profesión alternativa...

Fabelo. Y como puedo pintar y cantar a la vez, martirizo a mis pobres hijos y a mi mujer con unas arias de óperas...

Amaury. ¡Ya tengo la solución! No es un disco, es un DVD, o sea, tú vas pintando, vas cantando, nosotros, entre tus amigos; Silvio pone los medios tecnológicos y la asesoría, porque Silvio es un gran productor, yo pongo el entusiasmo detrás de cámara y tú vas pintando. Buscamos a Chilito (Roberto Chie), que es tan bueno. Chilito te filma y tenemos un DVD, sería bueno.

Fabelo. Vamos a pensarlo un poquito.

Amaury. Ahora, hay una última pregunta, Roberto, que siempre te la quise hacer antes de que supiera que iba a tener un programa. A ti te han hecho muchas canciones, a ti y a tu obra, muchas canciones. Recuerdo las más importantes; la de Silvio, la de Pablo, una que te hizo creo que hasta un mexicano, o sea, te han hecho muchas canciones...

Fabelo. ¡Tú me has dedicado canciones!

Amaury. Yo te hice una canción dedicada a tu vida, a tu vida personal, a tu batallar, a tu condición de mágico equilibrista, que es lo que has sido tú en la vida, un equilibrista. Tu vida ha sido un constante equilibro. ¿Si tú tuvieras la oportunidad, la vocación, el deseo y la libertad de escribirle una canción a Cuba, a nuestra Cuba, más o menos qué diría la letra?

Fabelo. Yo la he pintado, creo que la obra de cada uno es una suerte también de retrato. Pero yo hablaría de sacrificio, hablaría de sacrificio, hablaría de esperanza y de sacrificio y también de alegría, trataría de mezclar eso. Porque creo que hay una postura natural, una condición natural de optimismo que te ayuda mucho en el sacrificio por la esperanza que se tiene y en esa síntesis trataría yo de hacerlo. Sería de esa forma.

Amaury. Bueno, pues te lo voy a dejar de tarea. Ya tenemos el título por lo menos: sacrificio, esperanza y alegría. Ya tenemos el título de la canción, para la próxima vez que nos encontremos....

Fabelo. ...No me gustan los títulos muy largos, pero bueno, podía ser. Yo te agradezco, de verdad, te agradezco que me hayas compulsado un poquito ahora, compulsado no, que me hayas llevado a identificar un poco esos términos, ¿no?, pero bueno, voy a pensarlo...

Amaury. ¡Piénsalo!

Fabelo. Pensarlo no, voy a tratar de hacerlo, pensado ya.

Amaury. Hazlo y cuando hagamos el DVD lo grabamos. Te quiero mucho, mi hermanazo querido

Fabelo. Gracias.

Amaury. Te quiero, te tengo en las paredes de mi casa y te tengo en los bordes de mi corazón.

Fabelo. Y yo en las paredes de mi corazón. Gracias.

Amaury. Muchas gracias, Roberto.

Roberto Fabelo y Amaury Pérez en "Con 2 que se quieran". Foto: Petí

Roberto Fabelo y Amaury Pérez en "Con 2 que se quieran". Foto: Petí

Roberto Fabelo y Amaury Pérez en "Con 2 que se quieran". Foto: Petí

Roberto Fabelo y Amaury Pérez en "Con 2 que se quieran". Foto: Petí

Roberto Fabelo. Foto: Petí

Roberto Fabelo. Foto: Petí

Suyú, Fabelo y Amaury en "Con 2 que se quieran". Foto: Petí

Suyú, Fabelo y Amaury en "Con 2 que se quieran". Foto: Petí

Petí (de espalda), Fabelo y Amaury. Foto: Petí

Petí, Fabelo, Amaury y Suyú. Foto: Petí

Fabelo, Petí, Amaury y Suyú en "Con 2 que se quieran". Foto: Petí

Fabelo, Petí, Amaury y Suyú en "Con 2 que se quieran". Foto: Petí