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Necesitamos un luchador, y no un buen tipo, señor Presidente Obama

Bill Moyers
Tomado de Bill Moyers Journal
Traducido por Progreso Semanal

Los editores de la revista The Economist dicen que el debate del servicio de salud en Estados Unidos se ha convertido en algo un tanto delirante, con gente que se acusa mutuamente de ser malvados, mercaderes de la muerte y anti-norteamericanos.
Bueno, eso es caritativo.
Yo diría que es más desquiciado que delirante, y definitivamente nada anti-norteamericano.
Esos locos de la derecha que rezan para que Obama muera y sea enviado al infierno son la trama y la urdimbre de la locura del país. Al igual que el engendro de la Segunda Enmienda que se presentó armado hasta los dientes en el mitin del Presidente.  
Ciertamente es uno de nosotros. Los chiflados patrióticos son tan norteamericanos como el pastel de manzana y las teorías de conspiración.
La semana pasada Bill Maher me preguntó en su programa si Estados Unidos es todavía una gran nación. Yo debiera haber dicho que es el espectáculo más grande del mundo.  Olvídense de lo que aprendieron en las clases de cívica acerca de los Padres Fundadores --somos los hijos de Barnum y Bailey, nuestros estafadores fundadores. Su espectáculo de fenómenos de feria fue el antecesor de la radio de comentarios de la actualidad.
Por cierto, hemos puesto en nuestro sitio web un ensayo escrito por el estudioso de los medios Henry Giroux. Él describe el creciente dominio de la radio de odio como uno de los elementos cruciales en una “cultura de la crueldad” cada vez más marcada por el racismo abierto, la hostilidad y el desprecio por los demás, unido a una amenaza de violencia a punto de estallar hacia cualquier figura política que crea que la reforma del servicio de salud es la más importante de nuestras redes de seguridad, especialmente ahora que el tema principal de la vida y la política no es ya acerca de trabajar para avanzar, sino luchar tan solo ara sobrevivir.
Así que aquí estamos, chapaleando en nuestra disfunción. Gobernados --si creen a los agitadores--por un nacionalista negro de Kenya que entró de contrabando en Estados Unidos para matar al bebé de Sarah Palin. Y sí, casi creí en lo que decían de que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, solo que creo que las mandó para Washington, donde han sido recicladas como cabilderos y entrenados en la alquimia del lavado de dinero, lo cual convierte al soborno al estile antiguo en un derecho de la Primera Enmienda.
Solo en una capital de fantasía como Washington, los programas de comentarios de los domingos pueden convertirse en la Alta Iglesia de la opinión ortodoxa, en la que los “palas” partidistas son tratados como santones cuyo evangelio de prosperidad siempre parece ser el de disminuir los impuestos a los ricos.
Pobre Obama. Vino a esta ciudad predicando la religión de la buena gente. Pero cada vez que se inclina cortésmente, los republicanos lo patean más duro.
Nadie ha conquistado la política de Washington diciendo constantemente “por favorcito” a los tipos que tratan de cortarle a uno el cuello.
Vayamos adelante, señor Presidente. Estamos navegando río arriba con spaghetti como remos. Esta cosa de los servicios de salud pudiera ser el cruce del Delaware, el punto de viraje de la próxima Revolución Norteamericana --el momento en que pongamos a los mercenarios a la desbandada, como hizo el General Washington con las tropas de Hesse en Trenton. Pudimos haber acuñado nuestra victoria como “Made in USA”. Pudimos haber dicho al mundo: “¡Vean lo que hicimos!” Y pudimos habernos mirado a los ojos y decirnos: “Gracias”.
Tal como están las cosas, estamos a punto de tener una reforma de los servicios de salud que mide a los seres humanos solo en términos corporativos de un análisis costo-beneficio. Esto está de cabeza --debiéramos tratar la salud como una condición, no como un producto.
En estos precisos instantes, Pfizer, el mayor fabricante de medicamentos del mundo, ha recibido una multa récord por $2,3 mil millones de dólares como penalidad civil y criminal --sí, criminal, por cometer fraude--por promover medicamentos por receta con la sutileza de la mafia rusa. Es la cuarta vez en una década que Pfizer ha sido llamado ante un tribunal. ¿Y esta es la gente en cuyas tiernas manos nos pondrían el Congreso y la Casa Blanca?
Vamos, señor Presidente. Demuéstrenos que EE.UU. es algo más que un circo o un mercado. Recuérdenos de nuestra grandeza como democracia. Cuando usted hable ante el Congreso la próxima semana, póngase de pie y dígalo. Creemos que le oímos decir en la campaña el año pasado que usted quiere un plan de seguro dirigido por el gobierno junto con los seguros privados --fundamentalmente basado en primas, con subsidios para la gente de bajos y medianos ingresos. Abierto a todos los individuos y empleados que quieran inscribirse y con la facilidad de que cada cual escoja a los médicos que deseemos. Creemos que usted dijo que el Tío Sam se sumaría como el negociador duro y consciente de los costos que se enfrentaría al cartel de los medicamentos, las compañías de seguros e inversionistas de Wall Street cuyo único interés es el precio de una acción de la compañía y las ganancias.
He aquí una sugerencia, señor Presidente: pida a Josh Marshall que le redacte su discurso.  Josh es el fundador del sitio web talkingpointsmemo.com. Él es periodista e historiador, no un político. Él no cede la mitad de algo y luego dice que es una victoria de las masas.  Él ha ofrecido la descripción más sencilla y acertada de un plan público de seguro --un plan que esencialmente preguntaría a la gente: ¿desearía usted la opción --la opción voluntaria--de comprar Medicare antes de cumplir 65? Fíjese bien, señor Presidente.
Este asunto de los servicios de salud salvará o hundirá su liderazgo, pero para nosotros, es asunto de vida o muerte. Deje ya de ser buena gente, señor Presidente. Necesitamos un luchador.

Bill Moyers es el director editorial del programa semanal de asuntos públicos Bill Moyers Journal, que se transmite los vienes por la noche por PBS.
http://www.pbs.org/moyers/journal/09042009/watch3.html