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“La vulnerabilidad energética de la Unión Europea: El «Sur» nuevamente amenazado”

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MCs. Gloria Teresita Almaguer G.
Centro de Estudios Europeos, Cuba

&.1 Hacia una… “Política Energética para Europa”, que es solo para la UE

Uno de los problemas de mayor envergadura que debe enfrentar y solucionar hoy la Unión Europea (UE), constituye lo que su liderazgo ha identificado como la seguridad energética.

Por esta razón, y de manera previsora en el año 2000 la Comisión Europea comenzó a circular el “Libro Verde de Seguridad  Energética”, destacando la información de que en el 2030 más del 70% de la energía total del bloque habría de depender de fuentes externas. En consecuencia, exhortaba a la creación de un proyecto a escala comunitaria que fuera capaz de ofrecer una respuesta al respecto. Tres años más tarde, en su Consejo de diciembre del año 2003, el liderazgo comunitario aprobó el documento Una Europa segura en un mundo mejor. Estrategia Europea de Seguridad”, redactado y presentado por Javier Solanas en su calidad de “Alto Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común” (PESC).

De trascendental importancia en el diseño y ejecución de la PESC, la elaboración de esta “Estrategia” a fines del 2003 no constituyó un hecho casual, sino una evaluación y adecuación al complejo contexto  internacional del momento: fue sobre todo, una respuesta a la iniciativa estadounidense de presentar su propia “Estrategia de Seguridad”, dígase la declaración tácita por parte del liderazgo comunitario de que tenía que lanzarse a la ofensiva sino deseaba correr el riesgo de perder posiciones estratégicas en el esquema de dominación unilateral y hegemónica que diseñaba el Imperio.

Así, la “Estrategia” partió identificando lo que en opinión de los líderes comunitarios constituyen los “Desafíos Mundiales” relacionados con la “seguridad” a que “ha dado lugar el fin de la “Guerra Fría”, seis en total, entre ellos, la dependencia energética de la Unión. Una situación que de acuerdo al documento es “…motivo de especial inquietud en Europa[1], el mayor importador de petróleo y de gas del mundo”, por cuanto “Las importaciones suministran cerca del 50% de la energía consumida actualmente. En 2030 ascenderán al 70%. La mayor parte de las importaciones de energía proceden del golfo Pérsico, de Rusia y del norte de África”[2]. Fue precisamente con el objetivo de neutralizar esta situación desventajosa que se propusieron algunas medidas de carácter general, referidas sobre todo a la necesidad de crear los mecanismos necesarios para garantizar la segura disponibilidad de estos recursos.

En el 2006, ante la compleja situación que ya venía presentándose en este ámbito, y  como reacción al conflicto entre Rusia y Ucrania -enero de ese año- que afectó directamente a algunos Estados miembros del bloque[3], un nuevo Libro Verde apareció en la escena, esta vez dedicado a crear las condiciones para la construcción de una “Política Energética Común” en el 2007.  Como complemento, en junio del propio 2006, Javier Solana, en nombre de la Comisión Europea presentó otro importante documento estratégico, “Una política exterior al servicio de los intereses energéticos de Europa”, en el que como su nombre indica, se  argumenta la necesidad de utilizar los mecanismos e instrumentos de relaciones internacionales en dicha problemática.

Una propuesta que en resumen plantea desarrollar una “política  exterior coherente y específica en materia energética”, lo cual, al reforzar la “seguridad colectiva exterior” del bloque en ese ámbito, contribuye a contrarrestar “estrategias de importantes proveedores exteriores de energía destinadas a influir negativamente en las variables fundamentales del mercado”, y a lograr el “objetivo común de garantizar unos flujos de energía fiables, asequibles y sostenibles desde el punto de vista del medio ambiente”[4].

Para ello, entre otras medidas, el informe propuso promover asociaciones energéticas con terceros países, mejorando las capacidades de producción, transportación y exportación de los Estados productores y/o de tránsito, así como las condiciones de inversión de las empresas del bloque. Conjuntamente se exhortaba a  trabajar en función de diversificar las importaciones de energía tanto por producto como por ubicación territorial.

En consecuencia, identifica como de alta prioridad las asociaciones energéticas con Rusia,  Noruega, Turquía, Ucrania; los grandes socios productores y de tránsito del norte de África y de África Subsahariana; del Cáucaso, de la cuenca del Mar Caspio y de Asia Central; de Oriente Medio y el Golfo; así como de América Latina. A su vez se planteó la necesidad de prestar especial atención a todo lo relacionado con la cuestión energética en la Política Europea de Vecindad (PEV).

Como colofón, en enero de 2007 la Comisión Europea presentó al Consejo y al Parlamento la Comunicación “Una política energética para Europa”[5] -llamada también  “Revisión Estratégica del Sector de la Energía”- en la que partiendo de los grandes retos que enfrentaba el bloque al respecto, proponía un Plan de Acción que permitiera lograr lo que identifica como “objetivo energético estratégico”, “Europa -entiéndase UE- deberá convertirse en una economía de alta eficiencia energética y baja emisión de CO2 en la que se engendraría una nueva revolución industrial”[6].

Sobre esta base, el Consejo Europeo de marzo del propio 2007 aprobó el Plan de Acción 2007- 2009, “Política Energética para Europa”, el que, claro está debe ser entendido como solo para la Unión Europea, se trata una vez más del enfermizo eurocentrismo que caracteriza al discurso y la praxis política del bloque.

&.2 Los retos

Según un informe publicado en el mes de julio de 2008 por la Oficina Europea de Estadísticas, en ese momento la tasa de dependencia energética del bloque ascendía al 54%, casi 10 puntos porcentuales más que en 1997, y uno más que en el 2005 -53%-[7]. El problema fundamental residía en que si bien al cierre de 2006 el consumo de energía en los Estados miembros de la Unión se mantuvo estable al comparársele con 2005, la producción había disminuido en un 2,3%. Como resultado, las importaciones netas ascendieron en un 2,4%.

De acuerdo con la misma fuente, en la etapa comprendida entre 1997 y 2006, la producción de energía en la UE -esencialmente nuclear y combustibles sólidos, que representan la mitad de lo que se produce- disminuyó en un 9% y el consumo se elevó en un 7%, provocando un aumento de las importaciones netas de un 29%[8].

El mayor crecimiento de este consumo entre 2005 y 2006 se produjo en Finlandia, 9,1%, mientras   que la mayor disminución lo logró Malta, -6,4%. Las diferencias en el comportamiento de los “cinco grandes”, a la vez  los mayores consumidores de energía, que en conjunto representan casi 2/3 del gasto  total de la UE27, fue: 0,5% en Alemania; -1,2% en Francia; -1,6% en el Reino Unido; -0,6% en Italia y -0,5% en España.

Al cierre de 2006 los Estados miembros más dependientes de recursos energéticos importados fueron: Chipre, 102%; en Malta, 100%; en Luxemburgo 99%; y en Irlanda, 91%; mientras, los menos dependientes fueron Polonia, 20%; el Reino Unido; 20%; la República Checa, 28%; y Rumania, 29%, entonces unida al bloque por el Tratado de Adhesión. Dinamarca, el país de mejor ubicación, exportador neto de dichos recursos, presentó una tasa de dependencia negativa en 37%. Por su parte, la producción energética del bloque se distribuye en lo esencial en energía nuclear, 29% del total; combustibles sólidos, 22%; gas 20%; energía renovable 15%, y petróleo crudo, 14%.

Las importaciones energéticas son mayoritariamente de petróleo y Gas Licuado Natural (GLN), alrededor del 60% y 26% del total, respectivamente. De acuerdo con este documento, los principales proveedores son Rusia -33%, petróleo y 40%, gas-; y Noruega -petróleo 16% y gas, 23%-, solo que según previsiones la producción noruega de GLN debe contraerse a partir de 2013[9].

Un escenario que de acuerdo con la mencionada Comunicación “Una política energética para Europa” tiende a agravarse aceleradamente. Así, de mantenerse el ritmo actual, la dependencia energética de la UE podría llegar hasta el 65% en el 2030: la del gas estaría elevándose de un 57 a un 84% y la del petróleo del 82 al 93%, todo esto además en un contexto de gran incertidumbre.

Y es que, según previsiones de la Agencia Internacional de la Energía, para el propio 2030 la demanda global del crudo podría aumentar en un 41%, con “…grandes incógnitas acerca de la voluntad y la capacidad de los principales productores de petróleo y gas de aumentar sus inversiones”[10] y de ofrecer una respuesta satisfactoria, lo cual además de elevar la presión sobre los recursos energéticos mundiales, potencia lo que ya constituye una gran amenaza para el bloque, la falta de abastecimiento; con una carga adicional, “…los mecanismos para lograr una solidaridad entre Estados miembros en caso de crisis energética todavía no han sido instaurados, y algunos de dichos Estados dependen en gran parte o totalmente de un único proveedor de gas”[11].

Tal es el caso, por ejemplo de Finlandia, Estonia Lituania y Letonia, cuya dependencia del gas que suministra Rusia es total, mientras, otros 11 Estados reciben más del 50% de dichos yacimientos.  Pero el problema resulta mucho más complejo: la vulnerabilidad energética del bloque frente al  poderoso vecino -conocido peyorativamente como el “oso ruso”- constituye una verdadera  amenaza: el 25% de sus portadores provienen de ese mercado que representan el 30% de las importaciones petrolíferas y un 50% de GLN[12]. Con una agravante, el fuerte y mayoritario control estatal de las empresas productoras y de transportación de estos recursos muy concentrados en GAZPROM, permite a Moscú utilizar el suministro de energía como un instrumento de política exterior sobre todo en el escenario europeo, tal y como ha sido demostrado a lo largo de varios años y con sucesos importantes como los conflictos con Ucrania en enero de 2006 y a fines de 2008 e inicios de 2009 y con Bielorrusia, finalizando el 2006 e iniciando el 2007.

Conjuntamente, de no producirse cambios, “…la demanda de electricidad de la UE seguirá aumentando a un ritmo del 1,5% anual. Incluso contando con una política eficaz de eficiencia energética, las inversiones necesarias para los próximos 25 años, únicamente en generación, ascenderían a unos 900 000 millones de euros”[13].

Una situación alarmante que según la Comunicación “plantea graves riesgos políticos y económicos”, al constituir además una amenaza para su competitividad. Y es que, apunta:

“La UE se ve cada día más expuesta a la volatilidad de los precios, al aumento de estos últimos en los mercados internacionales de la energía y a las consecuencias de la progresiva concentración de las reservas de hidrocarburos en unas pocas manos. Los efectos potenciales son significativos: si, por ejemplo, el precio del petróleo aumentara a 100 dólares por barril en 2030, la factura de importación de energía en la UE aumentaría en unos 170 000 millones de euros, lo que supone para cada ciudadano un incremento anual de 350 euros[14]. Una parte muy escasa de esta riqueza daría lugar a una creación de empleo”[15].

A inicios de 2009, José Manuel Barroso el Presidente de la Comisión Europea declaró al respecto, “…los precios de la energía en la Unión Europea han aumentado una media del 15% en el último año. Se importa un 54% de la energía de Europa, lo que representa un coste de 700 euros por cada ciudadano de la UE. Es este un problema que debemos resolver urgentemente, con medidas que aumenten nuestra eficiencia energética y reduzcan nuestra dependencia de las importaciones”.

Pero existe otro reto: con datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente, la Comunicación  evalúa que el 80% de las emisiones de gases de invernadero que produce el bloque son resultado de fuentes energéticas y constituyen la causa fundamental del cambio climático y de la contaminación atmosférica, “las políticas energéticas actualmente vigentes en la UE no son sostenibles”[16].

Como respuesta, su liderazgo se ha comprometido a luchar contra todo ello mediante una reducción de las emisiones de gases de invernadero a un nivel que limitaría a 2°C el incremento de la temperatura. Sin embargo, si se mantienen las políticas de energía y transportes actuales el efecto sería todo lo contrario: las emisiones de CO2 aumentarán en un 5% para 2030, y las emisiones a nivel mundial en un 55%.

&.3 “Política internacional en materia de energía” en el Plan de Actuación:

La UE remira al  “Sur”

Para dar cumplimiento a lo que estableciera el Consejo Europeo de marzo de 2007 en su “Plan de Acción”, a fines de 2008 la Comisión presentó lo que llamó la “Segunda Revisión Estratégica del sector de la energía”, el “Plan de Actuación de la Unión Europea en pro de la seguridad y la solidaridad en el sector de la energía”. Un documento que reafirma la voluntad de la UE de “…llevar a término, de aquí a 2020, la iniciativa denominada «20-20-20», cuyos objetivos son reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20%, aumentar la parte correspondiente a las energías renovables en el consumo de energía a un 20% -frente al 8,5 % actual- e incrementar la eficiencia energética en un 20%”[17].

En términos generales, este Plan de Actuación no hace sino propiciar la concreción de los objetivos de la llamada “Política Energética para Europa” -dígase UE-: “…aumentar la seguridad de abastecimiento;  garantizar la competitividad de las economías europeas y la disponibilidad de una energía asequible; promover la sostenibilidad ambiental y luchar contra el cambio climático”[18].

De igual modo, la “Segunda Revisión Estratégica del sector de la energía”, puntualiza en que la  “seguridad energética es un asunto de interés común” para el bloque. En consecuencia, precisa:

“Dada la situación mundial, la UE debe adoptar medidas para asegurar su futuro energético y proteger sus intereses esenciales en el sector de la energía. La UE ha de intensificar sus esfuerzos a fin de disponer de una auténtica política energética exterior, hablar con una sola voz, determinar las infraestructuras de importancia primordial para su seguridad energética y garantizar su construcción, y actuar de forma coherente a fin de intensificar sus asociaciones con los principales proveedores de energía, los países de tránsito y los consumidores”[19].

Para lograrlo, el Plan de Acción parte de la idea de que:

Hay que conceder a la energía la prioridad política que merece en las relaciones internacionales de la UE, especialmente en su política y acuerdos comerciales, sus relaciones bilaterales, sus acuerdos de cooperación y asociación y sus diálogos políticos. Los distintos intereses nacionales en el campo energético, en un contexto de creciente interdependencia energética, apuntan a la necesidad de crear marcos jurídicos internacionales más sólidos basados en un equilibrio entre compromisos y beneficios, tanto en el sector de la energía como en los demás sectores económicos”[20].

Muy esclarecedor acerca de cual es y será la posición defendida por la Unión Europea en su “Política Internacional en materia de Energía”, resulta la siguiente idea de la Comisión que servirá al nuevo Plan de Acción previsto para 2010: “La UE debería utilizar todos los instrumentos a su alcance, tanto internos como externos, para incrementar la influencia colectiva que ejerce en los países proveedores de energía y proponer nuevos tipos de asociación de base amplia. A escala multilateral, la UE debería seguir propugnando una mayor liberalización del comercio y las inversiones en el campo de la energía”[21].

Como se ve, otra gran amenaza para nuestros pueblos del “Sur”, que nuevamente recibirán  múltiples presiones y hasta chantajes para que accedan a la apertura de sus mercados, solo que esta vez serán los muy codiciados productos energéticos los que entrarán al juego.

3.1 Mirar hacia el “Sur”… con espejuelos cargados de intenciones coloniales

No queda dudas -al menos en el discurso oficialde que el liderazgo europeo consideró valida la propuesta de Javier Solana de crear  una “política  exterior coherente y específica en materia energética”, utilizando para ello todos los mecanismos e instrumentos de relaciones internacionales a su alcance.

Una mirada crítica a esta política, y al Plan de Acción -o Actuación- que la pondrá en ejecución, demuestra una vez más como, más allá de la muchas veces empalagosa retórica característica del  discurso del bloque cuando se cooperación y solidaridad se trata, lo que éste busca realmente es la salvaguarda y maximización de sus propios intereses, lejos del ético y necesario balance para el logro del beneficio común entre todas las partes actuantes.

Y es que, con todo su poder acumulado, para lograr sus propósitos de seguridad energética, la Unión se encuentra en capacidad de presionar fuertemente a sus “socios menores”, los que con muy estrecho margen para las negociaciones poca resistencia podrán presentar, corriendo potenciales peligros, cuyos costos una vez más recaerán en nuestros pueblos del “Sur”, mayoritariamente ricos y por estas razones víctimas de la voracidad imperialista, saqueados hasta el empobrecimiento estructural que hoy padecen.

Así, la UE se propone[22]:

–   “Una colaboración efectiva con Noruega, (…) vital para garantizar la seguridad energética de la UE.

–     Mantener y fortalecer los vínculos con la Comunidad de la Energía[23], que “…está creando en Europa Sudoriental un mercado integrado vinculado a la UE”, y “…regulado por la normativa sobre mercado interior y seguridad de abastecimiento de electricidad y gas, y actualmente se mantienen conversaciones para ampliarlo al petróleo”.

–     “Incluir una nueva generación de disposiciones sobre «interdependencia energética» en acuerdos de amplio alcance con los países productores no europeos”, solo que siempre en función de los intereses del bloque, lo cual se declara explícitamente “Las disposiciones se deberían basar en el acervo de la UE en materia de energía, en su caso, y en los principios del Tratado sobre la Carta de la Energía”[24]

–     Otorgar “elevada prioridad a la intensificación de las relaciones con los países de la región del Caspio”, Azerbaidzhan, Kazajstán y Turkmenistán. En este contexto, se dedicarán “todos los instrumentos a establecer una cooperación sólida, reforzando el “Proceso de Bakú”[25], a fin de promover una auténtica asociación en el campo de la energía”, siendo “…una prioridad importante contraer nuevos compromisos con todos los países interesados, especialmente a través de relaciones bilaterales”.

–     “Elaborar una estrategia con respecto a Bielorrusia, habida cuenta de su importancia como país vecino y de tránsito”.

Nótese como estos dos últimos propósitos se encuentran directamente relacionados con la reciente creación de la Asociación Oriental, formada por los Estados miembros del bloque y seis ex repúblicas soviéticas: Ucrania, Moldavia, Georgia, Armenia, Azerbaiyán y sorpresivamente Bielorrusia. No es difícil entender que detrás de esta iniciativa se encuentran, entre otros, dos grandes intereses geopolíticos estratégicos: la necesidad de apuntalar la seguridad energética de la Unión y el intento de penetrar la tradicional esfera de influencia rusa.

–     Con Rusia, el objetivo es lograr un nuevo acuerdo de amplio alcance que sustituya al “Acuerdo de Colaboración y Cooperación” de 1997, con negociaciones que “faciliten la reforma y liberalización del mercado energético ruso en consonancia con sus objetivos nacionales y garantizarían la estabilidad y previsibilidad de la demanda de gas ruso. (…) A tal fin, sería preciso complementar el mandato para la negociación del nuevo acuerdo con otro mandato para iniciar conversaciones sobre un TLC”.

–     Mantener y fortalecer el diálogo UE-OPEP sobre energía, “…un foro para la evaluación conjunta de los factores que afectan a los precios, de las inversiones preliminares y posteriores necesarias en los países productores y consumidores”.

–     “Desarrollar las relaciones en materia energética con Iraq y el Consejo de Cooperación del Golfo en el sector de los hidrocarburos, incluyendo nuevos campos como las tecnologías energéticas no contaminantes”.

–     “Estrechar la cooperación con socios tales como Australia, Canadá, Japón y los Estados Unidos, así como con los países consumidores emergentes, con el fin de impulsar una visión común de la seguridad energética mundial”.

Desde esta perspectiva, el bloque elabora actualmente, a “…escala bilateral y multilateral marcos de cooperación con países como China e India y regiones como Latinoamérica y el Caribe”

Asimismo, “…se han entablado relaciones de cooperación con países proveedores alternativos como Brasil, que es uno de los principales exportadores de biocombustibles”.

–      “Intensificar las relaciones en el campo de la energía con África, en particular África del Norte, dado el importante potencial de esta región, en el que destacan los hidrocarburos y las enormes reservas de de energías renovables aún sin explotar”.

En particular, “conviene reforzar las relaciones en materia energética con países como Argelia, Egipto, Libia y Nigeria que son desde hace mucho tiempo importantes proveedores de gas y petróleo”·.

La construcción del gasoducto transahariano, que ofrece al bloque “…una notable oportunidad suplementaria para diversificar rutas y fuentes de energía”, recibirá todo el apoyo.

A su vez, se prevé que “…la asociación África-UE en el ámbito de la energía con la Unión Africana y las comunidades económicas regionales africanas contribuirá a profundizar el diálogo y a elaborar iniciativas concretas”.

También, gracias al “…instrumento de  de cooperación en materia de seguridad nuclear, la UE cooperará con los terceros países y les ayudará a concienciarse de la importancia de la seguridad nuclear y a mejorar la seguridad de sus centrales nucleares en funcionamiento”. De igual modo, apunta el Plan, “En el caso de los países emergentes que tienen la intención de construir centrales nucleares, la UE les ayudará a designar a autoridades reguladoras competentes e independientes que garanticen que las nuevas centrales se construyen conforme a las normas internacionales de seguridad nuclear”; obviamente con el beneficio adicional que reporta esta presunta “cooperación” como una acción de Inversión Extranjera Directa, y la mirada de doble rasero que como se conoce, acompaña a las decisiones del bloque en lo que respecta al uso internacional de la energía nuclear con fines pacíficos.

Nótese como, de lograr este Plan, la Unión Europea habrá logrado un posicionamiento energético estratégico en las principales regiones productoras, de reserva y/o de tránsito de todo el mundo; así como un fortalecimiento con sus principales competidores, quizás pensando en aquello de, “Si no los puedes vencer, únete a ellos”.

Ese “Norte, revuelto y brutal que nos desprecia” dijo Martí a nuestro “Sur”, al que Fidel luego mostró el único camino para vencerlo, “…La necesidad histórica, ante todo, de unirnos e integrarnos. (…) Divididos, nuestros pueblos no podrán garantizar su independencia, el respeto de los poderosos, el bienestar a que aspiramos y un lugar decoroso en el mundo”[26].


[1] Entiéndase Unión Europea.

[2] Consejo Europeo. “Una Europa segura en un mundo mejor. Estrategia Europea de Seguridad”, Bruselas, 12 y 13  de diciembre de 2003.

[3] Toda vez que el sistema ucraniano de gasoducto constituye el principal medio de suministros del gas que reciben de los yacimientos rusos.

[4] Consejo de la UE. Informe de la Comisión y el Secretario General/Alto Representante, “Una política exterior al servicio de los intereses energéticos de Europa”.  Bruselas, 30 de mayo de 2006.

[5] Comisión de las Comunidades Europeas. Comunicación de la Comisión al Consejo Europeo y al Parlamento Europeo, “Una política energética para Europa”,  Bruselas, 10 de enero de 2007.

[6] Ibidem

[7] Eurostat. “EU27 energy dependence rate at 54 por ciento in 2006”; Julio 2008. Sitio WEB: http://www.export.by

[8] Ibidem

[9] Ghilés Francis. Argelia, Europa y el gas: una asociación estratégica. En: Política Exterior, vol.  XXI, julio-agosto 2007, número 118.

[10] World Energy Outlook de la AIE, 2006, citado por Comisión de las Comunidades Europeas. Comunicación de la Comisión al Consejo Europeo y al Parlamento Europeo, “Una política energética para Europa”,  Opus Cit.

[11] Consejo de la UE. Informe de la Comisión y el Secretario General/Alto Representante, “Una política exterior al servicio de los intereses energéticos de Europa”, Opus Cit.

[12] Baran Z. PESC y seguridad de los suministros energéticos. En: Política Exterior, vol.  XXI, mayo-junio 2007, número 117.

[13] Comisión de las Comunidades Europeas. Comunicación de la Comisión al Consejo Europeo y al Parlamento Europeo, “Una política energética para Europa”,  Opus Cit

[14] Suponiendo un tipo de cambio de 1,25 dólares por euro, en comparación con un precio del petróleo de 60 dólares (en dinero actual) en 2030.  Comisión de las Comunidades Europeas. Comunicación de la Comisión al Consejo Europeo y al Parlamento Europeo, “Una política energética para Europa”,  Opus Cit.

[15] Ibidem

[16] Ibidem

[17] Comisión de las Comunidades Europeas. Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones: “Segunda revisión estratégica del sector de la energía, Plan de actuación de la Unión Europea en pro de la seguridad y la solidaridad en el sector de la energía”. Bruselas, 13.11.2008

[18] Comisión de las Comunidades Europeas. Comunicación de la Comisión al Consejo Europeo y al Parlamento Europeo, “Una política  energética para Europa”,  Opus Cit.

[19] Comisión de las Comunidades Europeas. “Segunda revisión estratégica del sector de la energía” Opus Cit.

[20] Ibidem

[21] Ibidem

[22] A partir de este momento, salvo en los casos que se especifique, las citas corresponden a “Segunda revisión estratégica del sector de la energía” Opus Cit.

[23] La Comunidad de la Energía es una organización creada en Europa Sudoriental para la cooperación energética, como su nombre lo indica El Tratado constitutivo fue firmado en octubre de 2005 en Atenas, Grecia y entró en vigor el 1 de julio de 2006. Sus miembros plenos son Albania, Bosnia y Herzegovina, Croacia, ex República Yugoslava de Macedonia, Montenegro, Serbia y la Misión de las Naciones Unidas para la administración provisional de Kosovo. Desde marzo del presente 2009, 14 miembros de la Unión Europea tienen la condición de los Participantes: Austria, Bulgaria, Chipre, República Checa, Francia, Alemania, Grecia, Hungría, Italia, Países Bajos, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia y Reino Unido. Se integran como Observadores: Georgia, Moldavia, Noruega, Turquía y Ucrania.  Sitio WEBhttp://www.energy-ommunity.org/portal/

[24] El Tratado de la Carta de la Energía, que entró en vigor el 16.04.98, establece un marco legal para fomentar la cooperación a largo plazo en el campo de la energía sobre la base de los principios de la Declaración de la Carta de la Energía de 1991, entre los países signatarios, entre los que se encuentran las Comunidades Europeas (CE, CECA y EURATOM) y sus Estados Miembros, los países de Europa Central, las Repúblicas ex-soviéticas (Rusia y Comunidad de Estados independientes), importantes países europeos no comunitarios (Suiza, Noruega) y otros de la OCDE (Japón, Australia).  . Entre los Estados que aún no han ratificado -aunque sí firmado- el Tratado de la Carta destaca Rusia. Entre otros, Estados Unidos y Canadá, permanecen como observadores de la Carta.

[25] El “Proceso de Bakú”, creado en la conferencias ministeriales organizadas en Bakú entre el 13-14 de noviembre de 2004, constituye un foro de cooperación en los sectores de la energía y el transporte entre la UE y los países de las  regiones del  Caspio y el Mar Negro. Esta constituido por: los Estados miembros de la UE, los representantes de la Comisión Europea y de los Gobiernos de Azerbaiyán, Armenia, Bulgaria, Georgia, Irán, Kazajstán, , Moldavia, Federación de Rusia (en calidad de observador), Rumanía, Turquía, Ucrania y Uzbekistán. Tal y como se plantea en el sitio de la Delegación Europea para Azerbaiyán, Kirguistán y  Tayikistán,  (http://delkaz.ec.europa.eu), el objetivo final del “Proceso”, es lograr la integración progresiva de los mercados de la energía y el transporte entre estos países.

[26] Castro Ruz, F. Discurso pronunciado en la II Cumbre Iberoamericana. Madrid, España”, 1992.

Sitio WEB:http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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