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	<title>Comentarios en: La doble culpa de Robert McNamara</title>
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	<description>Cubadebate, Contra el Terrorismo Mediático</description>
	<pubDate>Mon, 21 May 2012 12:35:18 +0000</pubDate>
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		<title>Por: DARDO RIBAS</title>
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		<dc:creator>DARDO RIBAS</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Jul 2009 01:13:47 +0000</pubDate>
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		<description>MCNAMARA… O LA MUERTE DE UN MONSTRUO

Es inevitable y, tal vez, para muchos pueda aparecer lo que digo como una verdad de Perogrullo.

Uno se acuerda de aquellas épocas de la guerra en Vietnam. Una guerra que no estaba, siquiera, insertada dentro de las postales que el mundo estaba acostumbrado a presenciar en estas tragedias que significan la muerte de las palabras y el raciocinio, colocando, en su reemplazo, la desolación y los pesares horrorosos para las poblaciones civiles y, también, para los pobres soldados, la tropa que no tiene que ver con la oficialidad profesional y sus estrategas, sino con los reclutados para servir de carne de cañón y de trinchera.

Claro, no se puede poner en el mismo rango a invasores que a invadidos. A los que luchaban por ideales libertarios que a los batallones de extranjeros mercenarios y salvajes profesionales que arrojaban el “agente naranja” sobre las plantaciones de las que dependía la población civil para subsistir. 

Hasta ellos, los “americanos”, dejaron testimonio en las muchas películas que produjeron sobre sus felonías y tropelías en Vietnam de la insidia, la vocación homicida y genocida que su gobierno practicó con aquel valiente pueblo de agricultores, paupérrimos en su desarrollo económico, pero que ya habían mostrado al mundo su altruismo filosófico y patriótico al expulsar a los bárbaros colonialistas franceses. 

En esos filmes -que todo el mundo vio y aún en los más “progresistas”-, qué cosa pudimos ver. ¿Una autocrítica descarnada y sincera sobre las motivaciones que llevaron a los yanquis a aquellas lejanas geografías y en donde practicaron todas las variantes del horror?... 

Y cuando hablamos de “horror”, hay que remitirse a la muerte en masa de campesinos, mujeres, viejos y chicos; miles de miles toneladas de napalm -fósforo blanco-, armas prohibidas por las convenciones internacionales; escandalosas matanzas como la de My Lai y bombardeos que superaron en cantidad y eficacia de explosivos a los utilizados durante la segunda Guerra Mundial.

No pudimos, jamás, apreciar el mínimo gesto que indique profundidad de pensamiento. En “Pelotón” hay un párrafo, el único rescatable, donde un soldado “americano” incurre en una liviandad pretendidamente filosófica… algo así como “nosotros les hemos hecho esto (a los vietnamitas) y ahora ellos se tomarán venganza”… o algo por el estilo. 

Ésa es toda la reflexión. Desencanto, desesperación, dolor vulgar porque perdían la guerra… nada con respecto al drama profundo y sangriento en que su gobierno, sus políticos, militares y complejos armamentísticos, habían involucrado a ese pueblo magnífico de valientes que lucharon con profundas convicciones para expulsarlos de su Patria a un costo tremendo de muertes y destrucción. Las cifras comparativas de víctimas de un lado y del otro hablan por sí solas.

Y estamos hablando de directores como Oliver Stone, Coppola y otros que, precisamente, se caracterizaron por su oposición a esa contienda incalificable. Una muestra de la liviandad de la educación y la información en la que vive el pueblo de los EEUU. Ni siquiera estas personas respetables lograron dar en el clavo para formular un arrepentimiento profundo hacia los crímenes que sus gobiernos desparramaron por el mundo. Tal vez, una incapacidad para la reflexión recóndita que tiene que ver directamente con el veneno que ese sistema introduce en sus juventudes y en su pueblo. 

¿Y quiénes estaban en las posiciones claves que determinaron esa tragedia sin precedentes en la historia contemporánea?... McNamara, Nixon, Kennedy, Johnson, Kissinger (premiado insólitamente con un “Nobel de la Paz” por las negociaciones para terminar la guerra cuando ya la tenían perdida y después que él avalara matanzas infames como luego lo hizo en Sudamérica apoyando a dictaduras golpistas siniestras e instrumentando el “Plan Cóndor” para aniquilar a miles de opositores). 

Luego tuvimos que escuchar -el mundo tuvo que escuchar-, las hipócritas y diabólicas reflexiones de McNamara sobre esa guerra en las que aludió a “equivocaciones profundas”… porque “no conocían la idiosincrasia del pueblo vietnamita” y otras divagaciones que bien podrían haber sido proferidas en el pabellón de locos peligrosos de un neuropsiquiátrico.

Pues bien, ésa es la gente que manda en los EEUU y que, terminada la guerra de Vietnam tuvo su seguidilla y correlato en los posteriores mandatarios de ese país hasta el presente. Lo que se dice una sociedad enferma, dirigida constantemente por pandillas de dementes cuyo único fin en la vida es multiplicar millones y sembrar destrucción, dolor y muerte por el mundo.

Son los mismos que piden “derechos humanos” para Cuba o que critican a los gobiernos patrióticos que se han instalados en la América del Sur al estilo Evo, Correa, Ortega, Chávez, hasta el argentino… que ni siquiera roza la voluntad revolucionaria que estamos observando en los últimos tiempos en el continente.

La muerte de McNamara, como ocurrirá con la de Kissinger, sólo debería despertar en el mundo entero una reflexión visceral en cuanto a cómo pueden surgir en la especie humana sujetos de estas características e insólitas pasiones criminales.  

La respuesta al interrogante surge de inmediato: el capitalismo es el gran hacedor de estas construcciones, porque su fundamento se basa en la barbarie, el egoísmo y la locura. Desde la pandilla del “Tercer Reich”, a los Bush, Rumsfeld o los sicarios al estilo Posada Carrilles y toda esa lacra subhumana.

Buenas noches a todos

Dardo Ribas, desde Argentina</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>MCNAMARA… O LA MUERTE DE UN MONSTRUO</p>
<p>Es inevitable y, tal vez, para muchos pueda aparecer lo que digo como una verdad de Perogrullo.</p>
<p>Uno se acuerda de aquellas épocas de la guerra en Vietnam. Una guerra que no estaba, siquiera, insertada dentro de las postales que el mundo estaba acostumbrado a presenciar en estas tragedias que significan la muerte de las palabras y el raciocinio, colocando, en su reemplazo, la desolación y los pesares horrorosos para las poblaciones civiles y, también, para los pobres soldados, la tropa que no tiene que ver con la oficialidad profesional y sus estrategas, sino con los reclutados para servir de carne de cañón y de trinchera.</p>
<p>Claro, no se puede poner en el mismo rango a invasores que a invadidos. A los que luchaban por ideales libertarios que a los batallones de extranjeros mercenarios y salvajes profesionales que arrojaban el “agente naranja” sobre las plantaciones de las que dependía la población civil para subsistir. </p>
<p>Hasta ellos, los “americanos”, dejaron testimonio en las muchas películas que produjeron sobre sus felonías y tropelías en Vietnam de la insidia, la vocación homicida y genocida que su gobierno practicó con aquel valiente pueblo de agricultores, paupérrimos en su desarrollo económico, pero que ya habían mostrado al mundo su altruismo filosófico y patriótico al expulsar a los bárbaros colonialistas franceses. </p>
<p>En esos filmes -que todo el mundo vio y aún en los más “progresistas”-, qué cosa pudimos ver. ¿Una autocrítica descarnada y sincera sobre las motivaciones que llevaron a los yanquis a aquellas lejanas geografías y en donde practicaron todas las variantes del horror?&#8230; </p>
<p>Y cuando hablamos de “horror”, hay que remitirse a la muerte en masa de campesinos, mujeres, viejos y chicos; miles de miles toneladas de napalm -fósforo blanco-, armas prohibidas por las convenciones internacionales; escandalosas matanzas como la de My Lai y bombardeos que superaron en cantidad y eficacia de explosivos a los utilizados durante la segunda Guerra Mundial.</p>
<p>No pudimos, jamás, apreciar el mínimo gesto que indique profundidad de pensamiento. En “Pelotón” hay un párrafo, el único rescatable, donde un soldado “americano” incurre en una liviandad pretendidamente filosófica… algo así como “nosotros les hemos hecho esto (a los vietnamitas) y ahora ellos se tomarán venganza”… o algo por el estilo. </p>
<p>Ésa es toda la reflexión. Desencanto, desesperación, dolor vulgar porque perdían la guerra… nada con respecto al drama profundo y sangriento en que su gobierno, sus políticos, militares y complejos armamentísticos, habían involucrado a ese pueblo magnífico de valientes que lucharon con profundas convicciones para expulsarlos de su Patria a un costo tremendo de muertes y destrucción. Las cifras comparativas de víctimas de un lado y del otro hablan por sí solas.</p>
<p>Y estamos hablando de directores como Oliver Stone, Coppola y otros que, precisamente, se caracterizaron por su oposición a esa contienda incalificable. Una muestra de la liviandad de la educación y la información en la que vive el pueblo de los EEUU. Ni siquiera estas personas respetables lograron dar en el clavo para formular un arrepentimiento profundo hacia los crímenes que sus gobiernos desparramaron por el mundo. Tal vez, una incapacidad para la reflexión recóndita que tiene que ver directamente con el veneno que ese sistema introduce en sus juventudes y en su pueblo. </p>
<p>¿Y quiénes estaban en las posiciones claves que determinaron esa tragedia sin precedentes en la historia contemporánea?&#8230; McNamara, Nixon, Kennedy, Johnson, Kissinger (premiado insólitamente con un “Nobel de la Paz” por las negociaciones para terminar la guerra cuando ya la tenían perdida y después que él avalara matanzas infames como luego lo hizo en Sudamérica apoyando a dictaduras golpistas siniestras e instrumentando el “Plan Cóndor” para aniquilar a miles de opositores). </p>
<p>Luego tuvimos que escuchar -el mundo tuvo que escuchar-, las hipócritas y diabólicas reflexiones de McNamara sobre esa guerra en las que aludió a “equivocaciones profundas”… porque “no conocían la idiosincrasia del pueblo vietnamita” y otras divagaciones que bien podrían haber sido proferidas en el pabellón de locos peligrosos de un neuropsiquiátrico.</p>
<p>Pues bien, ésa es la gente que manda en los EEUU y que, terminada la guerra de Vietnam tuvo su seguidilla y correlato en los posteriores mandatarios de ese país hasta el presente. Lo que se dice una sociedad enferma, dirigida constantemente por pandillas de dementes cuyo único fin en la vida es multiplicar millones y sembrar destrucción, dolor y muerte por el mundo.</p>
<p>Son los mismos que piden “derechos humanos” para Cuba o que critican a los gobiernos patrióticos que se han instalados en la América del Sur al estilo Evo, Correa, Ortega, Chávez, hasta el argentino… que ni siquiera roza la voluntad revolucionaria que estamos observando en los últimos tiempos en el continente.</p>
<p>La muerte de McNamara, como ocurrirá con la de Kissinger, sólo debería despertar en el mundo entero una reflexión visceral en cuanto a cómo pueden surgir en la especie humana sujetos de estas características e insólitas pasiones criminales.  </p>
<p>La respuesta al interrogante surge de inmediato: el capitalismo es el gran hacedor de estas construcciones, porque su fundamento se basa en la barbarie, el egoísmo y la locura. Desde la pandilla del “Tercer Reich”, a los Bush, Rumsfeld o los sicarios al estilo Posada Carrilles y toda esa lacra subhumana.</p>
<p>Buenas noches a todos</p>
<p>Dardo Ribas, desde Argentina</p>
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