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Editorial de La Alborada: Terror monumental

La Alborada, Estados Unidos. Editorial publicado el 30 de abril de 2007

Traducido por Lidia Esther Díaz Hernández y revisado por Antonio González, del Equipo de Traductores de Cubadebate y Rebelión

Luis Posada Carriles, un hombre que adora volar personas y cosas, entrenado por la Agencia Central de Inteligencia, acusado de infinidad de atentados y de verdaderos actos de terrorismo, es un héroe para muchas personas en Miami.
 
Para ellos, matar a civiles -incluso atletas jóvenes culpables solamente de haber nacido en una nación cuyas personas Posada considera blancos justificados, o a los pasajeros de otros países que viajaban en un avión con esos jóvenes- es digno de elogio cuando se tiene el lema correcto.  Poner bombas en hoteles para turistas es bueno. Intentar usar más de 34 libras de explosivos C-4 para volar el auditorio -estudiantes incluidos- en la universidad nacional de un tercer país amigo de los Estados Unidos es ejemplar. Los contras, el Plan Cóndor, el terrorismo y el terrorismo de estado, todo es válido.
 
Para ellos, los civiles muertos son solamente daños colaterales en una guerra santa.  Y debe ser sagrada, porque éstos son practicantes del cristianismo, amigos y seguidores de sacerdotes y obispos.
 
Los partidarios de Posada admiran su dedicación obsesiva a los explosivos y armas de fuego durante más de cuatro décadas. No se preguntan qué ha logrado, porque desde cualquier punto de vista una guerra desde las sombras que dure tanto, sin resultados, no es más que el fracaso de toda una vida.
 
Ahora Posada camina libre entre sus admiradores de Miami. Sus abogados dicen que espera recibir una sanción leve por declaraciones falsas hechas a funcionarios de inmigración, y nada más.  Y podrían tener razón, porque tiene el apoyo de políticos en Miami, Dade County, Tallahassee, y Washington, hasta del presidente, promotor de la Guerra contra el Terrorismo.
 
En un programa de participación telefónica en Miami, escuchamos la opinión de que merece que se le dedique un altar.  En algún momento, Miami pudiera poner su nombre a una calle - Calle Posada Carriles, o Boulevard  L.P.C..
 
En Cuba hay una estatua de bronce de John Lennon, de tamaño natural, sentado en un banco de un parque, con la cara hacia el espacio junto a él, invitando a los transeúntes a que se sienten y conversen e imaginen por un rato.  A Posada se le podría hacer una estatua póstuma en Miami, pero no sentado a una mesa en el Domino Park, invitando a los transeúntes a un partido rápido. ¿Quién querría ganar incluso un partido imaginario?  Estaría mejor representado detrás de un arbusto, mirando sobre su hombro, con un tanque bronceado de C-4 sobre las piernas. O se le podría recordar con un parque monumental, cubierto de partes metálicas de cuerpos descuartizados y destripados, entre los que sus patrocinadores podían ir de picnic con sus familias. Ése sería su legado, el recuerdo de la esencia de su lucha. Algún día, hijo, tú también puedes hacer lo que él hizo.
 
Construir un monumento requeriría una colecta pública muy grande, y dinero adicional que aporte el gobierno local e incluso los gobiernos estadual y federal, seguido de escandalosos informes de sobornos y desfalco durante su adquisición. Cada cierto tiempo políticos estaduales y federales regresarían a poner una ofrenda floral y recaudar dinero para campañas, que sería entregado gustosamente.
 
Serviría como recordatorio de que por décadas Posada no ha actuado a solas, sino con el apoyo de residentes y activistas y figuras mediáticas y políticas hasta la propia Casa Blanca.  Todos comparten su infamia y su culpabilidad.
 
Pero venerar a Posada como un héroe en Miami es solamente un futuro posible. Todavía hay tiempo para un resultado diferente, uno con juicio y sentencia, y un poco de sentido de justicia, especialmente para las familias de sus víctimas.