Un comerciante de armas por internet desató la ira por la venta de blancos con aspecto similar a Trayvon Martin, el adolescente negro desarmado que recibió disparos que le causaron la muerte en Florida a principios de este año. (Fuente: Democracy Now)
Guillermo Tell
El caso y el nuevo suceso publicitario tienen ostensibles contornos tétricos. Porque cuando todavia los familiares del joven abatido no han secado lágrimas de indignado dolor, ni tampoco la justicia acaba de pronunciarse sobre el crimen, y ya se asoman impúdicos mercaderes de la muerte disparando como si de balas reales se tratara un mensaje que pudiera traducirse así: ¡rematar a la víctima!
Tan morboso resultó que el sitio donde apareció el aviso llega al extremo de reproducir la figura de un hombre negro encapuchado, que sostenía en un bolso confituras y té helado, lo mismo que portaba Martin cuando lo ultimó un policía, ahora acogido por abogados contratados por ese mismo cuerpo represivo a la presunta ley de "legítima defensa", en un enmarañado proceso.Y no es el único caso de similar desenlace trágico, como se ocupa de recordar la afligida madre del joven, al señalar que al igual que ella, otras 30.000 progenitoras perdieron a sus hijos este año por hechos de violencia sin sentido. Ocurren con harta frecuencia, alentados por una publicidad descabellada que los reconstruye virtualmente en una sociedad que a su vez parece quedarse sin sentido.