Aún no hay cifras, porque es un proceso silencioso. No es un éxodo masivo, más bien es un goteo que comienza a ser visible y del que ya hablan sociólogos y demógrafos. Algunos lo llaman neorruralismo, otros contraurbanismo. (Fuente: La Vanguardia, España)
Guillermo Tell
Zona rural España
No hay nada bucólico, ni tampoco la búsqueda de una vida tranquila en armonía de la naturaleza, en este movimiento migratorio hacia el campo, que estudiosos españoles vienen apuntando. Se trata de un fenómeno protagonizado en primer término por jóvenes que regresan a las raíces después de experimentar en las ciudades, a donde se habían marchado en busca de un futuro mejor, el acíbar de la crisis económica que abate al país ibérico, y al que se han sumado también otros, citadinos de origen, igualmente empujados.
Hay quienes ya lo ven como un alternativa de vida ante la precariedad laboral, con cerca de cinco millones de desempleados, el elevado coste de la vivienda y el transporte, y los recortes drásticos de los gastos sociales, el fin de la sociedad de bienestar, sin que ninguna de los dos partidos que se turnan en el poder ofrezcan una verdadera salida y más bien, por el contrario se pliegan a los llamados remedios de las instituciones financieras que sólo empeoran la enfermedad.
Ahora el pueblo rural donde residir, el trabajo en la tierra y la ganadería, y la oferta de servicios para la población local parecen resurgir como una opción para esos jóvenes, en unos momentos duros, o por lo menos como refugio mientras pase la tormenta, que no se sabe a ciencia cierta, cuando será.