La canciller alemana, Angela Merkel, se ha comprometido con el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, a estudiar fórmulas para indemnizar a los agricultores afectados por las pérdidas en las ventas después de que las autoridades alemanas culparan inicialmente a pepinos españoles de un brote mortal de la bacteria E.coli, informó el jueves el Gobierno español. (Fuente: Agencia Reuters)
Guillermo TellAunque Europa se precie de constituir el llamado Primer mundo modélico, y aliente un discurso de integración comunitaria, se puede volver a sospechar sin embargo de la persistencia de escalones de naciones, de primera, de segunda y tercera, bastante bien establecidos y diferenciados jeráquicamente, a la hora de atribuir logros y faltas.
Esa sensación me dejó la precipitación con que la jefa del gobierno alemán culpó por la muerte de 17 personas a causa de una enfermedad cuando todavía era un misterio, a los cultivadores de pepinos de España, probablemente considerada en un escalón más bajo dentro de la Unión y por lo tanto más digna de señalamientos, casi como si fuera parte del tercer mundo del primero.
Tanto apuro por culpar y denostar en público, ha ocasionado enormes daños al sector hortofrutícola español, uno de los exportadores más importantes del país, con pérdidas de unos 200 millones de euros semanales y la puesta en peligro de unos 70 mil empleos para un país que cuenta con la más alta tasa de paro en Europa. ¿Y ahora que le ofrecen? La vaga oferta de estudiar fórmulas de indemnización, que difícilmente reparará los platos rotos.

En Andalucía, los agricultores han arrojado a las cabras los pepinos que no pueden exportar. Foto: El País